La siempre antidemocrática izquierda -o demócrata según su código de valores, sujeto a que en el instante que le convenga se mimetiza con el liberalismo; y cuando no pues abjura de él- ha logrado someter a este país a base de satanizar a quienes defienden este principio fundamental. Según la izquierda, quienes preservan la Democracia con mayúscula en el Perú son fujimoristas, apristas o simplemente corruptos. Mientras tanto la izquierda repica sus campanas al viento por quienes promueven una variante amañada, depravada de democracia. Una democracia fabricada a la medida de los zurdos para consolidar el marxismo del siglo XXI. De acuerdo al plan de reinstauración del viejo socialismo estaliniano –idea elaborada a partir del desplome del Muro de Berlín- la estrategia de regreso del comunismo al poder universal estriba en confiscar a los liberales la insignia democrática y adjudicársela al socialismo. La táctica es transformarla en ícono estatista, mimetizándola con las normas del Estado de Derecho que dicta la verdadera Democracia.

Aunque sin que ésta funcione como tal. Es decir que en una Democracia manda el pueblo porque elige y remueve a las autoridades. Si escoge bien, su futuro será el de los países primermundistas. Y si votase como acá, irresponsablemente, permanecerá en el arrabal tercermundista. Mientras tanto, en las democracias rojas quien manda es la jerarquía o poder Ejecutivo. Una supremacía no siempre electa por la sociedad. Acá sólo es una taifa que chantajea a los gobernantes democráticamente electos que, por incapaces, corruptos o lo que fuere, endosan su mando a esa izquierda que se hace llamar demócrata. A partir de entonces –ocurrió con Kuczynski y Vizcarra- los centros capitales del contrapeso de poderes (como el Legislativo, Judicial, el Tribunal Constitucional, la Contraloría, la Fiscalía etc.) se han convertido en ejes de poder sojuzgados a una nomenclatura socialista, colmando cada sector del Estado de camaradas comisarios impuestos ahí por un Ejecutivo súper poderoso para que, en su nombre, impongan sus ucases sin dudas ni murmuraciones. En otras palabras acá manda la progresía marxista que, a manera de chantaje -por razones que tarde o temprano se conocerán-, mantiene de rehén al gobierno que encabeza Martín Vizcarra. En conclusión, la “democracia roja” es la antítesis de La Democracia. Aunque presentada hábilmente como la quinta maravilla por la zurda que mantiene embobada a una sociedad naif como la nuestra.

A ello obedecieron las letales campañas de demolición contra el Parlamento pagadas por orden de Kuczynski y Vizcarra con dinero suyo, amable lector. Asimismo ese putch socialista –apoyado por Vizcarra y la prensa corrompida- que ha conseguido confiscar la Fiscalía, someter al poder Judicial, rendir al Tribunal Constitucional y neutralizar a la Contraloría y Defensoría del Pueblo. Este sojuzgamiento a instituciones vertebrales de la Democracia fue planificado por el progre-marxismo y ejecutado por dos gobernantes traidores al electorado y violadores de la democracia apellidados Vizcarra y Kuczynski. Gracias a esta infamante deslealtad, el socialismo criollo ha conseguido establecer un estado mayor izquierdista, que manipula el Perú desde un Ejecutivo nefasto que opera como comando totalitario.