No hay en el Perú equilibrio de poderes.
El arsenal del Congreso contra el Ejecutivo incluye dos armas formidables: la insistencia en las leyes observadas por el presidente y la censura de ministros, ambas con solo la mitad de los votos de la única cámara del Parlamento.
Pero, sobre todo, incluye una bomba nuclear: la vacancia de la Presidencia por “incapacidad moral permanente” del presidente, que no está definida en ninguna parte del ordenamiento legal peruano y consiste en lo que el Congreso quiera.
Frente a eso, el Ejecutivo tiene el arma de la disolución del Congreso por negación de la confianza a dos gabinetes.
La vacancia de la Presidencia sin el debido proceso es una barbarie que no puede continuar. Necesita ser redefinida y regulada mediante un procedimiento racional. Porque esa barbarie está en el origen de otra, que es su antítesis: la negación “fáctica” de la confianza al gabinete como causal para la disolución del Congreso. Son las dos caras de la misma moneda.
Ambas barbaries han ocurrido reiteradamente en los últimos años. Dos veces la vacancia, una la disolución del Congreso. Y da vergüenza tener que decirlo, pero era una guerra avisada. Hace más de diez años que la advertencia estaba ahí en todas las formas posibles y, como con las profecías de Casandra, nadie quiso escuchar.
Y hoy nos acechan las dos barbaries nuevamente: la disolución fáctica y la vacancia sin proceso.
Diagnosticando mal la falta de equilibrio de poderes, tomando una vez más el rábano por las hojas, la comisión de Constitución del Congreso se prepara para recortar el alcance de la cuestión de confianza. Quieren sacar de su ámbito las atribuciones exclusivas del Congreso. Tienen razón.
Pero quieren también impedir que el Ejecutivo haga de la censura de un ministro una causal de disolución fáctica del Congreso. Y esta otra desnaturalización no es sino la antítesis de la barbarie de la censura de ministros con solo la mitad de los votos de la única cámara.
Si el Congreso quiere limitar legítimamente el alcance de la cuestión de confianza, debe pensar en el equilibrio de poderes y proponer, en el otro plato de la balanza, un debido proceso para la vacancia de la Presidencia.
Porque, repito, no hay en el Perú equilibrio de poderes. No lo ha habido nunca en los 200 años de historia de nuestra república. Por eso precisamente decía José María de Pando en febrero de 1827 que los pueblos de América “pasaron sin transición intermediaria del despotismo de la época colonial a la dictadura del Congreso”.
Hace falta hoy un desarme bilateral de ambos arsenales de armas letales. Y esto requiere el rediseño del equilibrio de poderes, regular la vacancia y la disolución y trminar para siempre con el conflicto de poderes fuera de control que es el síntoma de nuestra democracia de baja gobernabilidad incapaz de resolver los problemas del pueblo.

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