El Perú tiene, con el ecosistema marino, cuantiosas deudas no atendidas en el ámbito regido por el Ministerio del Ambiente y están a la vista de todos. Podemos contemplar horrorizados los vertimientos sin tratar de las aguas servidas, así como las desembocaduras de ríos que traen una gran cantidad de elementos contaminantes provenientes de la minería ilegal, fertilizantes y otros que constituyen un atentado contra la biodiversidad en el borde marino costero, afectan el desove de numerosas especies y las labores de pesca y acuicultura artesanales.

Tampoco se ha comenzado a controlar el uso de explosivos y artes de pesca prohibidos a lo largo del litoral, que resultan catastróficos en la propia Reserva Nacional de Paracas, donde diariamente se depreda el mar ante la indolencia de las autoridades. Adicionalmente, van en aumento los graves problemas que generan las plantas ilegales de recursos hidrobiológicos, que actúan con impunidad en los principales puertos, con secuelas de contaminación por efluentes, emisiones atmosféricas, pesca ilegal, evasión tributaria y otros delitos que se han denunciado a las autoridades hace muchos años, ante lo que éstas responden que carecen de medios para erradicarlos.

Sin embargo, hay una campaña dirigida por algunas ONG ambientalistas, que pretende la creación de un Área Marina Protegida (AMP) denominada “dorsal de Nasca”, ubicada a 100 Kilómetros de la costa, con una extensión similar a la de Arequipa; la misma que no cuenta con la opinión favorable de los usuarios del mar a los que se les ha dado solo 10 días para emitir opinión de un proyecto en el que se hacen afiebradas afirmaciones, como que generará beneficios económicos (sin señalar la fuente) por más de 165 millones de soles en 2021, lo que es un absurdo cálculo, por decir lo menos.

En su artículo “Por qué las áreas marinas protegidas son instrumentos de política marina importantes, pero no la panacea”, los especialistas en recursos naturales y sostenibilidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Santiago Bucaram, Isabella Marinho y Jaime Fernández Baca nos recuerdan que si bien las citadas áreas sirven como instrumento para la conservación de la biodiversidad en zonas marino costeras, y de ayuda para los ecosistemas en su adaptación al cambio climático; son solo una de muchas herramientas de gestión de recursos oceánicos. Nos hacen notar que muchas organizaciones ambientales del mundo las ven como el “santo grial” en la protección de biodiversidad marina, aunque no sean la panacea por sí mismas. Sostienen que el aumento de AMP en el mundo, “sin una inversión adecuada en capacidad humana y financiera, puede conducir a resultados de conservación subóptimos”, lo que tememos que ocurra con la dorsal de Nasca.

Los expertos concluyen que las AMP sólo tendrán éxito si se consideran como una de varias estrategias de política marina, y no como el remedio mágico que resuelve todos los problemas que afectan la biodiversidad marina y costera del planeta. Es obvio que los pasivos ambientales a los que nos hemos referido deberían tener prioridad, antes que esta zona de 3000 metros de profundidad ante la que no se cierne peligro alguno. Es como querer construir un penthouse sin cimientos ni primer piso.

Esperemos que el gobierno de Transición y Emergencia no confunda su rol de administrar el camino hasta 28 de julio. Atendamos primero lo que está al alcance de las manos y gastemos los pocos recursos del Estado en lo que afecta a los peruanos día a día. Después podremos investigar los fondos marinos.