El sistema educativo peruano no estaba preparado para pasar, de forma repentina, de una educación presencial a una educación a distancia a través del uso intensivo de internet sin poner en riesgo el logro de las competencias mínimas.

Algunos indicadores como el gasto público en educación (3.5% del PIB), el analfabetismo (más de un millón trescientos mil peruanos son analfabetos), los hogares con internet (29.8% de los hogares), la tasa de desnutrición crónica de niños y niñas menores de 5 años (12.9%) y el sueldo de los profesores (muy por debajo de la media regional), nos dan una pista para especular que al término del presente año académico los alumnos no adquirirán todas las competencias establecidas en el currículo nacional. Además, si consideramos los altos niveles de pobreza (20.5% de la población total), la extrema pobreza (2.8% de la población total) y la elevada desigualdad en la distribución de los recursos y en las oportunidades sociales, los resultados del presente año académico no son esperanzadores.

No obstante los indicadores anteriores, es crucial abandonar posiciones fatalistas y convertir esta pandemia en una oportunidad para impulsar una política educativa que fortalezca la escuela pública, con infraestructura moderna y segura, con tecnología apropiada y personal docente bien remunerado. La mejor combinación de estos recursos ayudará a los alumnos a conseguir las competencias y capacidades que demanda la sociedad, y contribuirá, asimismo, a crear una sociedad democrática, inclusiva, justa y respetuosa de los derechos fundamentales y del medio ambiente.

En el corto plazo necesitamos aumentar el acceso a internet de las escuelas y de los hogares; dotar a las escuelas y a los alumnos del hardware y software necesarios; garantizar el suministro eléctrico; mejorar la regulación de los mercados eléctrico y de telecomunicaciones; aumentar el número de becas en todos los niveles educativos; subsidiar a las familias más vulnerables; y, capacitar a los profesores en las tecnologías de la información y la comunicación y financiarles el hardware y software en condiciones financieras favorables.

Condición sine qua non para que todo lo anterior sea sostenible en el tiempo, es una reforma fiscal que permita incrementar la recaudación tributaria.

Que un futuro shock externo, como una pandemia o un desastre natural, nos encuentre preparados para desarrollar el proceso educativo de forma presencial, semipresencial o a distancia, sin poner en riesgo la salud y la consecución de los objetivos educativos.

Martín Orrego Navarro-Economista y Máster en Historia Económica