Estaba relajada, disfrutando del sol y del cielo azul de las paradisiacas playas del norte del país. Los surfistas hacían sus piruetas y detrás de ellos las torres de extracción de petróleo. Había espacio para todos, la playa era enorme. No obstante estas dos muchachas decidieron anclarse cerca de mí. Al principio todo iba bien, ellas estaban en silencio y el sol acariciaba mi piel y la tostaba. De pronto, comenzó el cuchicheo y la magia se rompió. Ellas criticaban a todas las personas que pasaban por ahí, incluyéndome a mí.

No eran chicas feas, ni parecía que tuvieran pocos recursos; por eso, no me explico por qué eran tan envidiosas. Sí, envidiosas, porque detrás de todas sus críticas se escondían una serie de carencias y un deseo por tener algo que las personas que pasaban por ahí exhibían, no sé si paz, una pareja o un bonito cuerpo.

La envidia opera, generalmente, en silencio, pero en esta ocasión estas dos amigas compartían –aunque parezca raro–, con deleite su dolor y su frustración. Durante su conversación no podían admitir que una chica solo fuera bella, tenía que tener algún defecto. Si estaba acompañada, las críticas se enfocaban en la pareja, si era viejo o gordo o enano; de esta forma las descalificaban, ya que según su lógica no podían estar con esos hombres por otros motivos que no fuera su dinero. Era increíble cómo sacaban conclusiones de una manera tan frívola.

Mitsy es una amiga psicóloga que me explica que la envidia no es otra cosa que una emoción negativa, generada por el deseo de tener posesiones, atributos, cualidades o los logros de otra persona. “Todos, en algún momento, tenemos envidia, creo que es algo normal y muy humano. Lo negativo es que no podamos manejarlo, que sea un sentimiento que crezca, se convierta en intolerancia y odio”, agrega.

Cuando le cuento el tema de estas dos muchachas de la playa, me explica que el envidioso o envidiosa normalmente critica por dos razones: la primera es porque a través de sus reproches tratan de reivindicarse, es decir reclaman su superioridad o algo que consideran les pertenece; como por ejemplo cuando decían que una chica tenia buen cuerpo pero dientes feos. Ellas sentían que eran más bonitas y mejores porque ellas sí tenían dientes bonitos.

Mi amiga me dice que también critican para convencerse a sí mismos que lo que desean no es tan bueno, tan impresionante o tan lindo, como algo que ya tienen. Agrega que es normal que los envidiosos o envidiosas critiquen tanto porque tienden a compararse siempre con los demás.

Hay muchos estudios que señalan que la envidia puede devenir en enfermedades cardiacas y gastrointestinales. Pero yo creo que lo peor es que la envidia tampoco te permite aceptar a los demás, ni aprender de ellos, pero quizá lo más pernicioso es que no le permite a uno aceptarse como realmente es, a quererse, ni a valorar sus propios logros.