La última encuesta nacional realizada por Ipsos entre el 9 y 10 de septiembre, revela una interesante fotografía de la escena contemporánea respecto a la preferencia electoral de los peruanos, en una contienda que hace semanas calienta motores y hoy comienza a dar rienda suelta a los apetitos de poder que encierran las distintas candidaturas. Tres serán los componentes que definan en abril la contienda.

Uno primero será el carisma que tenga el potencial candidato que lidera las preferencias (Forsyth 23%, Urresti 9%, Fujimori 7%), cuyo segundo atributo será la distancia social que lo separe de la partidocracia tradicional. Si a ello sumamos la recordación de marca del partido al cual representa, ello explicaría también el ranking de preferencias de las agrupaciones (Acción Popular 6%, Frepap 4%, Fuerza Popular 4%, Alianza para el Progreso 2%).

Uno segundo serán las narrativas políticas de los candidatos. Serán los fraseos con propuestas claras y concretas respecto al “progreso” los que a nuestra consideración definirán la palabra clave de la contienda. ¿Qué significa el progreso respecto a salud, educación, seguridad y orden público, empleo e informalidad, reactivación económica e inclusión financiera, digital y acceso a servicios públicos de calidad? Estas son para nosotros las temáticas que deben ser resueltas por los candidatos.

Uno tercero será el uso eficiente que hagan de las plataformas digitales, las redes sociales y la aparición en medios de comunicación, especialmente en formatos radiales y televisivos. Esta no será una campaña presencial ni de campo. Esta será una campaña donde la interacción digital marcará la diferencia entre los contendores. Una buena actuación y un buen escenario, así como una buena historia que contar, serán elementos que darán ventaja a quien resulte ganador.

Finalmente, esta será una campaña que definan los nuevos sectores populares, aquellos que resulten de sumar la pobreza pre cuarentena a la actual pobreza extrema, así como los sectores medios que fueron altamente impactados por el Covid-19 en empleo, ingreso y ahorro (si alguna vez lo tuvieron), y que hoy forman parte del “nuevo pueblo”, uno que se verá obligado a convertir su frustración en voto, el cual no sabemos si será de conciencia.

La escena contemporánea es una incógnita económica y social. Pero no parece ocurrir lo mismo con el futuro político, donde hasta hoy solo vemos más de lo mismo. ¡¡¡Corren las apuestas!!!