Sostuvimos hace unos días que la aclaración del presidente del Legislativo a su par del Ejecutivo -y a la altanería de una mafia mediática- puso de manifiesto la connivencia entre Vizcarra y un corrompido conglomerado mal llamado “periodístico” -autoerigido en catón del Perú- para dictaminar quiénes tienen derechos constitucionales y quiénes no; quiénes actúan dentro de la ley y quiénes operan afuera de ella; y quiénes están moralmente calificados y quiénes están descalificados como buenos ciudadanos, constituyéndose así en una de las lacras antidemocráticas más deleznables que recuerde esta nación. Por cierto dicho consorcio –El Comercio- se mantiene gracias a canal cuatro, medio que le “cedió” Indecopi por órdenes de Toledo como transacción para que el diario de marras cesase una campaña desestabilizadora contra el ex mandatario, que lo llevó al borde de la destitución. Repetimos lo que antes hemos reseñado. ¡Al día siguiente que Indecopi sellara aquel traspaso El Comercio se volvió nuevamente fanático toledista! A pesar de su delincuencial tradición extorsiva contra agrupaciones y personas con las cuales mantiene diferencias, el hoy llamado grupo El Comercio aparece cada mañana presentándose como abanderado de la ética y la corrección política, dictando cátedra del buen comportamiento que deberán acatar los peruanos. Caso contrario, acabarán difamados de la manera más impune por esta corporación absolutamente alejada del oficio periodístico y más bien ligada a algunos intereses económicos y a la camorra política. Por cierto, ahora que las arcas públicas están en rojo, esa corruptela de la publicidad estatal se ha contraído. Por esta razón, El Comercio amenazó ayer nuevamente a Vizcarra con un ácido editorial, enrostrándole el compromiso de “apoyo mutuo” en la medida que Vizcarra siga subvencionando al grupo mediático con recursos estatales. Esto no es más que otra demostración de la deshonestidad que transpira ese periódico, que pretende ser rector de la moralidad, la decencia y, repetimos, la corrección política.

Otra faceta -las prácticas extorsivas de dicho medio- la explicaba ayer EXPRESO, al reproducir la versión indignada del ciudadano Alberto Pacheco Mandujano quien fuera cesado recientemente del cargo de coordinador del comité de asesores del presidente de la Corte Suprema. “Ofrezco una conferencia sobre criminología mediática, y acabo dentro de la moledora de carne de la criminología mediática”, sostuvo refiriéndose a lo que él determina como una “corriente de reflexión criminológica que pretende explicar el proceso en que los medios de comunicación crean una realidad donde hay buenos y malos y se constituyen en poder para decidir quiénes son unos y quiénes son otros (…) creando una realidad donde existen ángeles y demonios (…) juzgándolos y condenándolos en forma inmediata, (cuando) los auténticos procesos judiciales sólo corresponden ser efectuados por magistrados de un poder Judicial independiente, autónomo y libre de presiones mediáticas.”

“El periodismo, según como se ejerza, puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios”, proclamaba Luis Miró Quesada, uno de los directores de mayor recordación del susodicho periódico. Pero cotidiana, descaradamente, sus seguidores deshonran esa herencia con tal de que “el negocio” siga próspero.