Una lección aprendida durante la cuarentena dictada por el gobierno es que el Estado peruano carece de una estrategia que busque resolver los problemas que limitan el desarrollo social del país.

El escollo principal que enfrenta el Ministerio de Inclusión y Desarrollo Social es que sus gestores no tienen la menor idea de lo que ocurre con los peruanos a los que benefician, en ámbitos también vinculados al desarrollo (situación laboral, ingreso familiar, identidad, seguridad social, fondos de pensiones, salud, educación, nivel de consumo, tributación), a pesar de que son la misma población objetivo que recibe ayuda de sus programas de sobrevivencia o subsidios para enfrentar la pobreza.

El evidente divorcio entre bases de datos públicas que forman parte del mismo Estado es una tara que arrastramos por décadas. No entendemos quiénes son los oscuros personajes que se resisten a unificar –de una vez por todas y bajo un mismo número de identidad (DNI)- toda la información pública y privada que permita focalizar, adecuadamente, el tipo de ayuda o estímulo que requieren estas poblaciones.

Otro gran enemigo es la retrógrada mentalidad pública que prefiere subsidiar la sobrevivencia a estimular la generación de riqueza. La mayor cantidad de presupuesto público no se dirige a promover emprendimientos, sino a multiplicar dádivas y regalos para los pobres, que terminan convirtiendo estos programas en círculos viciosos de reproducción de la pobreza.

Otra tara que persigue a gestores públicos e impide el cambio de chip que necesita el país para darle vuelta a la tuerca de nuestra historia, es que seguimos midiendo el impacto de programas por cantidad acciones realizadas desde el Estado. Hemos abandonado el verdadero foco de intervención: la inversión social que se mide con estándares de progreso entre quienes reciben el apoyo.

Si no damos un salto cualitativo y abandonamos la visión arcaica del desarrollismo que predomina en el aparato público, sin duda estaremos condenados a repetir y a repetir la misma historia de fracasos cientos de veces, donde pobreza, corrupción e ineficiencia continuarán siendo los pilares de nuestra historia. ¿Quién define la estrategia social en el Perú?