Una frase de cajón: “El Perú no es EE.UU. donde las contribuciones para las campañas electorales se hacen a través de PACs o Comités legales que apoyan a los partidos e, incluso, un ciudadano de a pie puede donar señalándolo en su declaración anual de impuesto a la renta. Aquí, en cambio, a los empresarios jamás les gustó figurar como aportantes y por eso el mercado persa que hemos tenido y el escandaloso dinero clandestino que acabamos de conocer”. Es verdad y más allá de cómo termine la investigación fiscal sobre la danza de millones desparramados para las elecciones generales del 2011 y del 2016, por lo menos habrá que felicitar que esa “práctica” hoy esté prohibida y criminalizada. Pero no basta.

Uno escucha en la calle a más de uno calmar la conciencia del otro alegando que cuando se realizaron estas millonarias “dádivas” la ley no lo prohibía y a lo mucho era sancionable administrativamente. En pocas palabras, es criticable pero no vas a la cárcel. Vaya, casi como decir “es un pecadillo mas no un delito”.

En nuestro país cuando antaño -¿y hoy?- pocos se ruborizaban siendo “Pepe el Vivo” y ahora el que “roba pero hace obra” sirve para llegar al gobierno, uno se pregunta si, en efecto, siendo lo más censurable cometer un crimen, ya no es reprochable socialmente cometer una inmoralidad. En todas las encuestas ciudadanas las dos mayores lacras del país son la corrupción y la inseguridad y, en ambos casos, la raíz del mal se encuentra en la falta de ética de los responsables. El que se comporta inmoralmente, es decir, contra el código de costumbres que obliga a una sociedad termina caminando hacia la delincuencia común o defraudando al Estado por activa o por pasiva. Como nunca existen hoy en las entidades públicas y privadas, Códigos de Ética y Políticas de Integridad y Lucha contra la Corrupción que procuran prevenir y erradicar estas conductas antisociales y que, confiamos, no acaben en vergonzosos papeles mojados como el “Código de Ética Parlamentaria”.

Sin Ética verdadera y una Educación en valores para la Vida y la Democracia no saldremos del círculo vicioso nacional en el que campea la podredumbre y la impunidad. Así que, proponemos que en los próximos comicios legislativos no se vote por lista alguna en la que figuren candidatos condenados en el pasado por corrupción o delitos dolosos o que estén en la actualidad investigados o procesados por los mismos anticuchos. Empecemos el cambio. ¡Amén!