Hace tres años, en Buenos Aires, le comenté a la poeta María Casiraghi que los territorios que guardo en la memoria, son los emocionales, y le decía que, por ejemplo, Chile será, para mí, siempre Omar Lara, Juan Cameron o Raúl Zurita; Argentina: Leopoldo Castilla, Carlos Aldázabal y, ella, por supuesto.

Como lo es Xavier Oquendo por Ecuador, Federico Díaz-Granados, por Colombia, Gabriel y Benjamín Chávez por Bolivia. Lo recuerdo ahora, en Lisboa, mientras escribo esta columna y mis compañeros de viaje leen poesía en la terraza. Ayer conocí el Tajo. Había soñado con el Tajo, tantas veces, que su existencia llegó a parecerme una leyenda. Ayer estuve frente a él.

Su energía es impresionante. Lisboa, la antigua, no solo impacta, perturba con los vestigios de sus siniestros. La catedral incendiada, el techo del movimiento telúrico, la plaza de la tolerancia, el triángulo de sus tótem, la vida como un paisaje, sin embargo, Lisboa será siempre en mis recuerdos Lauren Mendinueta, la poeta colombiana, y Nuno Júdice, el gran poeta de Portugal con quien, hace unas horas, volvimos a compartir en Óbidos, la más hermosa ciudad medieval, y con quien, hace tres días, fuimos reconocidos como Huéspedes Distinguidos por el Ayuntamiento de Salamanca. Creo mucho en cómo me trasladan las emociones.

Por eso, este viaje, a mis 43, a la península, será recordar León en la persona de Rafael Saravia, el poeta de “Gramática de la escucha”, el discípulo y amigo de Antonio Gamoneda, pero sobre todo, el hermano que no dudó en ponerme sobre ese vuelo para romper con el maleficio de los abrazos digitales. León es Saravia y, Salamanca, Alfredo Pérez Alencart, el jurista, el catedrático, el escritor, el gestor cultural, aquel cristiano que no ha dudado nunca en resaltar su admiración por “El cantar de los cantares” como una de las obras literarias más poderosas de nuestra historia. Alfredo nació en Madre de Dios, sin embargo, en su corazón vibra la épica salmantina.

No me voy con la imponente universidad, tampoco con la belleza del Tormes ni el puente romano, me voy con la nobleza de Alfredo Pérez Alencart.

Mañana partiremos a Granada, es decir, al corazón de Luis García Montero, Fernando Valverde y Remedios Sánchez. Viajo con mucha ilusión por conocer la tierra de García Lorca.

Sé que estos días serán inolvidables, desde que llegué, no he parado de escribir, y claro, las carreteras de España y Portugal son, desde este momento, los días compartidos con Carolina Zamudio y Xavier Oquendo Troncoso, mis compañeros de viaje.

El mapa de un hombre son sus amigos, esa es mi máxima. Ése es el único lugar que me importa recorrer.

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