La falacia de la Contraloría


La falacia de la Contraloría

La Contraloría fue fundada el año 1929 durante el oncenio de Leguía. Sus inicios no fueron muy auspiciosos, porque en la etapa final del gobierno de Leguía se emitieron para el mercado norteamericano más de US$ 100 millones de bonos peruanos, con jugosas comisiones para los bancos intervinientes y sobornos para personas del entorno de dicho régimen. Los bonos fueron luego repudiados y después recomprados durante el gobierno del presidente Bustamante para sanear nuestra posición crediticia.

El artículo 10° de la Constitución de 1933 estableció las atribuciones de la Contraloría como un “departamento especial cuyo funcionamiento estará sujeto a la ley… para controlar la ejecución del Presupuesto… y la gestión de las entidades que recauden o administren rentas o bienes del Estado”. En el artículo 146° de la Constitución de 1979 se definió a la Contraloría “como organismo autónomo y central del Sistema Nacional de Control” para supervisar la ejecución de los presupuestos del Sector Público y las operaciones de la deuda pública. El artículo 82° de la Constitución vigente dispone que la Contraloría es el órgano superior del Sistema Nacional de Control y el Contralor General es designado por el Congreso a propuesta del Poder Ejecutivo por siete años pudiendo ser removido por falta grave.

En las últimas décadas el Perú no ha tenido suerte en la designación de los contralores. Hubo un señor Lay nombrado por Fujimori en la década del noventa que terminó huyendo a los Estados Unidos y que miraba al cielo mientras Montesinos hacía de las suyas. Toledo designó al señor Genaro Matute que tuvo un desempeño aceptable a pesar de su irregular nombramiento.

Fue sustituido por Fuad Khoury envuelto en una serie de problemas personales relacionados con su estado civil. Luego tuvimos al inefable Édgar Alarcón muy aficionado a los fierros, así como a grabar conversaciones con los ministros sin que ellos lo supieran. PPK nombró al señor Nelson Shack que quiere implementar el control concurrente en la reconstrucción por el Niño. Una cosa debe quedar clara. La Contraloría ha aumentado exponencialmente su presupuesto en proporción inversa a sus logros. Si hacemos un estudio de los presupuestos de la Contraloría desde el año 2000 a la fecha, su monto quizás sea igual o superior a los robos de Odebrecht. ¿Para qué la tenemos entonces? Obviamente para cumplir la Constitución, ¿pero acaso esa respuesta es suficiente? Me temo que no.