El mandatario Castillo utilizó su gira por Norteamérica para promover la esperpéntica premisa de los zurdos de apoderarse del Estado para perennizar su mando autócrata, conocida como la asamblea constituyente. Se victimizó alegando ser poblador andino –con nombre, apellido paterno y materno, español- “explotado por el clasismo”, lacra que, dijo, mantiene sometida a la mayoría de peruanos porque “nuestra Constitución sólo considera como derecho a la Educación; no así a la Salud, tener agua potable, contar con vivienda propia”, y una infinidad de etcéteras más. Si Castillo entiende por derecho constitucional que el Estado está obligado a proveer los servicios gratuitos que puedan ocurrírsele, mejor analicemos que pasa con el que existe. ¡La Educación! Este servicio lo provee el Estado de manera gratuita. Sin embargo, como todo lo que depende del gobierno, finalmente Juan Pueblo recibe como derecho a la Educación una prestación ínfima, establecida a través de un sindicato magisterial ideologizada de menguada calidad. De lo cual Castillo da fe, vistas sus ostensibles limitaciones hasta para expresarse. Por si fuera poco, el servicio se implementa a través de una vetusta infraestructura escolar y universitaria, de pésima calidad; y aún peor mantenimiento. El currículo escolar no sólo es de lamentable factura, sino organizado como un grosero catecismo politizado y relativista. Por cierto, tamaño listado es apenas un resumen de la infame atención al derecho educativo constitucional que brinda nuestro Estado. No obstante, los rojos insisten en agregarle otros: Trabajo, Salud, Vivienda, Transporte, Alcantarillado, etc. ¡La realidad, amable lector, es que el Estado peruano jamás podrá hacerse de estos encargos! Porque, salvo muy honrosas excepciones, nuestro Estado ha sido –y es- manejado por gobernantes incapaces, presumidos, corrompidos. Como Toledo, Humala, PPK, Vizcarra, Sagasti que, a su vez, designaron como funcionarios estatales a una supernumeraria partida de burócratas corruptos, incompetentes, que utilizan al Estado como su centro de poder.
Otrosí. El Estado podría mejorar sus servicios si, además de reinventarlo y repoblarlo con burócratas eficientes, amistosos al ciudadano, se batalla verdaderamente contra la corrupción consolidada por infames gobernantes que, con inútiles proyectos para el país -provechosos para ellos- malversaron US$40,000 millones en interoceánicas, gasoductos, refinerías petroleras en una nación que no produce petróleo, etc. Dinero que debió utilizarse para que el Estado instale sistemas de agua/desagüe por todo el territorio; erija colegios, viviendas, hospitales debidamente equipados y vías idóneas, para proporcionarle un buen servicio público al ciudadano.
¡Cambiar de Constitución no mejorará un ápice la calidad de vida del peruano, amable lector! La función del marxismo/senderismo/pensamientogonzalo no es reemplazar a la actual por otra favorable al ciudadano. El régimen marxista ha decidido sustituirla por una Carta basada en fundamentos autocráticos, que lo pondrán al ciudadano al servicio del Estado. En vez de al Estado a órdenes del ciudadano.
Apostilla. Existen más de 100 TLC que Castillo procura anular; concesiones mineras que producen miles de millones de dólares en impuestos que los marxistas proponen eliminar; sendos contratos de estabilidad tributaria que proyectan acabar. ¿Resultado? Colapsará el Estado y nuestros derechos constitucionales serán letra muerta. ¿En qué quedamos?

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