Cayó in fraganti la presumida conductora de los canales de la corrupción 4 y 8. Ella que siempre se ha considerado la encarnación del politicocorrectismo, denostando además a quienes, a su criterio, perforaban la libertad de prensa, opinión y difusión, a la vez que pisoteaban esa norma vertebral del verdadero periodismo, que obliga a distanciarse del poder de toda naturaleza. Ella, que arremetía con aires de pureza contra quienes hasta por azar aparecían junto a algún jefe de Estado censurado por sus patrones, endilgándoles denuestos de diversa calaña con el propósito de mermar su credibilidad.

Ella misma -la diva del periodismo corrompedor, y a la vez corrupto, que practica el llamado grupo El Comercio- acabaría asistiendo, solapadamente, a una cita con Vizcarra, entrando por la puerta trasera sin entregar credenciales apelando a una misma táctica que usaba el canalla exmandatario para hacer entrar a sus preferidos, como ese Richard “swing”. Ella, la “diva del periodismo”, ingresó a palacio la víspera de que entrevistaría a Martín Vizcarra, el presidente más miserable, sinvergüenza, corrupto, mendaz y traidor que ha tenido este país. En efecto, al día siguiente los peruanos acabaron defraudados por la figuretti del periodismo, tras una “entrevista” miserablemente arreglada para presentar al rufián Vizcarra como el mejor presidente que ha tenido el Perú en su ya casi bicentenaria historia republicana. Esta individua -utilizando el léxico de género que ella tanto admira, y por el cual tanto reclama- ella, repetimos, tuvo el cuajo de responsabilizar a una funcionaria de palacio de gobierno de su trasgresión a la ética periodística, quien sencillamente la recibiese para aquella cita subrepticia que la diva tuvo pactada con el entonces poderoso Vizcarra, en ese momento ya investigado por corrupto por el fiscal Juárez Atoche. La presuntuosa utilizaría como alibi que “entregué mis papeles” al ingresar a palacio por la puerta de Desamparados, pero “alguien” los extravió.

El mundo gira, amables lectores. Y entre otras leyes naturales, aquello que sube baja. Eso está sucediéndole al otrora influyente diario El Comercio -transformado fiduciariamente en “grupo” El Comercio- y a sus “estrellitas” mediáticas. Como en este caso, a una pretenciosa e intimidadora señorita apellidada Huertas, quien alucinaba ser la non plus ultra del periodismo únicamente por prestarle servicios al mencionado “grupo” mediático hipotecado a Vizcarra. Como ahora lo está a Sagasti, bajo la misma corruptela del avisaje estatal. Seamos claros, el dinero de Juan Pueblo lo usa ese clan periodístico para propagandizar al gobernador de turno, con tal de permanecer mendigando el pago correspondiente por informar y opinar a favor del ocasional todopoderoso.

Aquella “gran prensa” viciosa ha generado perjuicios inconmensurables al Perú, lamiéndole las suelas a los inquilinos de palacio y amenazando al periodismo independiente registrándolo bajo el mote de “fujiaprista”. A otro perro con este hueso, fariseos del “grupo” El Comercio. Es tan vil esa covacha del anti periodismo, que impuso a la mencionada “presentadora” como moderadora de un “debate” que orquestó entre candidatos presidenciales, orientado a desinformar al pueblo para seguir medrando del Estado engrosándose canallescamente las alforjas con dinero público.