Soy un sobreviviente de la generación Sin Futuro, de la juventud de los años 80; en ese tiempo teníamos que resignarnos a ser pobres si se había nacido pobre, y tenías que morir pobre, ese era nuestro designio, un destino sin futuro. Pero esa generación sin futuro también luchó en las calles y logramos que las futuras generaciones no sufran las penurias que nosotros las vivimos en carne propia.

Viví en un callejón de un solo caño en el Cercado de Lima. Hubo días en que mi almuerzo y cena eran un pan con su té, algunos días los pasaba en blanco y mi estómago no paraba de sonar por el hambre. Pero qué delicioso era un pan duro para calmar ese ruido del hambre y dormir lo más temprano, era lo mejor para no pensar en que no había nada en el estómago.

Para muchos de mi generación la Navidad no existía, nuestros padres no tenían para comprarnos un regalo; un panetón era casi un lujo en esos años, respirábamos miseria y pobreza.

Muchos de mi generación tuvieron que usar zapatos y ropa de segunda mano; en mis tiempos los zapatos se mandaban a arreglar al zapatero. Desde los 9 años empecé a trabajar, durante años he laborado en varias fábricas como obrero y hasta haciendo limpieza, lavando autos y ayudando a lavar ropa ajena a mi madre, especialmente en exprimir las pesadas frazadas y colchas.

Siempre me gustó la lectura y miraba con envidia los libros que se mostraban en las librerías, pero no los podía comprar, esa era mi realidad, nací pobre y tendría que aceptar que siempre seguiría pobre, pero algo dentro de mí no se resignaba.

Nací cuando regía la Constitución de 1933. Mi juventud exigía un cambio de Constitución y hubo un cambio de Constitución en 1979. Salimos a festejar esa nueva Constitución, pero nos dimos cuenta al año de su vigencia que nada había cambiado, todo seguía igual: tenía 19 años y no había oportunidad de trabajo, las empresas del Estado solo daban trabajo a los que tenían carnet del partido de turno que gobernaba, esas compañías siempre estaban en quiebra y el Estado las subvencionaba todos los años, había muy pocas empresas privadas en esos tiempos y, como consecuencia, poco trabajo y oportunidad para los jóvenes.

En esos años los dueños del Perú eran unos cuarenta ricachones, los aristocráticos, con apellidos difíciles de pronunciar, que veraneaban en Miami o en el balneario de Ancón, mandaban a estudiar a sus hijos al extranjero y miraban como bichos raros a los pobres.

Nosotros los de la clase baja de esa época, íbamos a la playa de Agua Dulce o Pescadores, siempre y cuando tuviéramos dinero para pagar nuestro pasaje en Enatru (Empresa Nacional del Transporte Urbano del Perú), o caminábamos al río Rímac a refrescarnos, a nadar en sus aguas turbias. Pensar en cambiar de una clase social a otra era un sueño, era una utopía.

La clase alta estaba formada por un puñado de 40 familias, la clase media era un 15 % y la clase baja un 85 %, casi todos los peruanos estábamos en pobreza o pobreza extrema, esa era la realidad en la que vivía la generación Sin Futuro.

Los años 80 fueron de terror para la generación Sin Futuro. Aparte de vivir en la pobreza, se vino el terrorismo con sus coches bomba que mataban a diestra y siniestra a muchos civiles, y si tú no pensabas igual que ellos estabas condenado a muerte, te asesinaban. En esa época fallecieron muchos jóvenes, muchos policías, militares, políticos, por el solo hecho de defender la democracia, y otros por no estar de acuerdo con el pensamiento Gonzalo, el marxismo-leninismo-maoísmo.

Recuerdo el primer gobierno de Alan García, tenías que hacer cola para comprar pan, arroz, azúcar y salir temprano a buscar agua con tu balde u olla, te pagaban el sueldo en millones de intis, todos los meses había aumento de salario, porque el dinero que recibías no te alcanzaba para sobrevivir. Pero la generación Sin Futuro siguió caminando y luchando para sobrevivir.

En esos años qué íbamos a pensar en tener ropa de marca, ni pensar en tener un departamento propio, menos un automóvil, esas cosas solo eran para un pequeño grupo de peruanos. Mirábamos con envidia a Venezuela cómo progresaba. La pobreza era extensa en nuestro país, se distinguía tres tipos de clases sociales: clase alta, clase media y clase baja, a esta última pertenecía la mayoría de los peruanos.

Llegaron los años 90 y las cosas seguían igual, los políticos siempre viendo sus intereses y los pobres entre el fuego de los terroristas y la falta de empleo; nuestra generación no tenía futuro, el Perú estaba jodido.

El 5 de abril de 1992 Fujimori dio un autogolpe, con el apoyo del 90 % de la población, y convocó para una Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución. La generación Sin Futuro lo miramos sin ningún entusiasmo, ya en el año 1979 se había cambiado de Constitución, nos daba igual y no esperábamos nada de esta nueva Carta Magna, que comenzó a regir en 1993.

En el año 1994 la generación Sin Futuro vio que algo extraño pasaba en nuestro país: comenzaron a llegar inversiones privadas, se inició la construcción de edificios, se abrió el primer centro comercial en Lima Norte, se veía movimiento económico, comenzaba a haber empleo y a mejorar la economía, el consumo aumentaba y eso se reflejaba en el bolsillo de los más pobres.

Ahora ya no era una utopía tener un auto, un departamento, estudiar, comprar los libros que querías, comenzaban a surgir los emprendedores, ahora no solo podían ser ricos los que nacían en cunas de oro, ahora sí podías pasar de una clase baja a una clase media, y de clase media a clase alta, con tu esfuerzo.

La Constitución del 79 sirvió como base para hacer la del 93, que innova en el régimen económico, dispone que la iniciativa privada es libre, que el Estado estimula la creación de riqueza y garantiza la libertad de trabajo y la libertad de empresa, comercio e industria, se reconoce el pluralismo económico, y agrega que es un régimen de economía social de mercado, con el rol subsidiario del Estado en la economía: donde no quieren invertir los privados el Estado lo puede hacer.

Esa “maldita Constitución”, que algunos reprochan, en su artículo 206 permite reformarla de acuerdo a los cambios políticos y sociales, tanto es así que la Constitución del 93 ha sido modificada en varios artículos en los gobiernos de Paniagua, de Toledo, de Alan García, de Ollanta Humala, de PPK y de Vizcarra.

En total hasta el día de hoy se han realizado 20 Reformas Constitucionales, de toda índole, de los 206 artículos que tiene. Hasta la fecha hemos tenido 12 constituciones.

La Constitución de Estados Unidos fue creada 1787 y hasta hoy sigue vigente, ha sufrido 10 enmiendas en 233 años. La Constitución actual del Perú tiene 27 años y ha sufrido 20 reformas.

La Constitución del 93 no es mala, los que son malos son los políticos que elegimos para los cargos públicos. Una muestra son las investigaciones de corrupción que tienen los ultimos presidentes de la República.

A la generación del Bicentenario les pido que lean y analicen los 206 artículos de nuestra Constitución y que digan qué artículos de la Carta Magna del 93 quisieran cambiarlos. El anterior Parlamento y el actual lo ha elegido la generación del Bicentenario, exijan las reformas que ustedes crean que son pertinentes. Hay constituciones pétreas que no se pueden modificar como la venezolana, pero la peruana sí se puede modificar.

No culpes de todos los males a la Constitución, los grandes culpables son nuestra clase política y la población que elige sin pensar a las autoridades y se deja embaucar por una sarta de corruptos que quieren llegar al poder.

Así ha pasado en Venezuela, que de ser un país que mirábamos con envidia, hoy lo vemos con pena; los jóvenes de ese país apoyaron un cambio de Constitución y hoy lo lamentan, lo mismo puede pasar en el Perú.

¿Sabrá la generación del Bicentenario que Argentina hasta 1930 era la envidia de América Latina y de Europa? Lean y sabrán lo que pasó.

Actualmente con la Constitución del 93 forman la clase alta el 8 %, la clase media el 46.8 % y la clase baja el 45.2 %. Hay que seguir trabajando para bajar la cantidad de pobres en el Perú.

A los políticos no les interesa la muerte de los jóvenes, les interesa el poder.