Desde mediados de mayo el Perú sigue desabastecido de oxígeno para tratar a seres humanos en la etapa más crítica de la pandemia Covid-19. Un mes antes la ciencia ya había notificado al cuerpo médico –y este a sus autoridades encargadas de la Salud Pública- respecto a la urgencia de contar con plantas productoras de oxígeno. De ello hace tres largos meses. Sin embargo el Perú continúa sin suministro de este esencial elemento -y su gente muriendo impunemente por falta de oxigenación- debido a que el Estado no sólo ha demostrado estar gobernado por incompetentes, sino que quienes integran esta administración son una partida de mendaces, babosos e inhumanos bajo la batuta de un ganso. Para confirmar esos calificativos, basta revisar las críticas de la oposición al régimen enrostrándole su responsabilidad ante la muerte de miles de ciudadanos por encontrarse privados de un componente vital como el oxígeno. Desde entonces, medios de comunicación opositores, como este periódico, exigieron al gobierno que compre plantas envasadoras de oxígeno, cuya importación no tardaría ni una semana si el Ejecutivo declaraba en emergencia su abastecimiento y el aparato estatal se ponía a órdenes de los funcionarios de Sanidad.

Colombia ofrecía puestos en Lima y/o provincias estos equipos. Recientemente Israel hizo lo propio, llegando la embajada de esa nación a comunicarle al gobierno peruano su mejor disposición para exportarlas de inmediato. ¿Cuál fue el resultado? Pues que desde comienzos mayo y hasta la fecha este gobierno –en particular el ex ministro trotskista Zamora- se cruzó de brazos, observando fallecer cómodamente desde su despacho a muchísimos miles de ciudadanos por falta de oxígeno. Es decir, un auténtico crimen de lesa humanidad. ¿Y no pasa nada, amigo lector? ¿Es dable que ello ocurra en un país que entre mayo y la fecha ha destinado US$38,000 millones para atender las efectos del Covid, y sin embargo ha sido incapaz de invertir US$10 millones en comprar plantas envasadoras de oxígeno para salvar vidas humanas? Inclusive la Sociedad Nacional de Industrias y empresas privadas como Buenaventura, Southern y Leche Gloria donaron plantas para instalarlas en la selva, Arequipa, etc. –donde el desabastecimiento era absoluto-. Pero el impresentable ministro Zamora permaneció impertérrito, devolviendo las donaciones vaya a saber por qué razones. La primera sería su filiación trotskista tan despectiva hacia la empresa privada y contraria a que el pueblo agradezca su esfuerzo y apoyo, en tiempos en que un gobernante falsario e impasible desdeña las necesidades de la sociedad.

Tan culpable -o más- que Zamora, es el presidente Vizcarra. Lo colocó de ministro y lo mantuvo, pese a que la petulancia e inhumanidad de este sujeto fue denunciada hace varios meses por la prensa libre. En todo país respetuoso del Estado de Derecho los culpables de crímenes sociales acaban encarcelados. Ocurrió con Fujimori, prisionero de por vida a causa de la muerte de miles de peruanos por el combate contra los terroristas. Por su catastrófica gestión, Vizcarra y los suyos deberán purgar carcelería ante la muerte de miles de peruanos.