Las elecciones del Perú de hoy son mucho más de lo que parece. Son la batalla crucial por los recursos naturales del Sur del Perú, Bolivia y Chile –cobre, litio, tierras raras- para el resto del siglo XXI. Es indispensable para las potencias globales controlarlos para disputar el liderazgo tecnológico en todos los campos de la economía global.

Los competidores en esta guerra son cuatro: China y Estados Unidos en un plano, y Rusia y Europa en otro. China y Rusia compiten entre sí, pero son socios frente a sus rivales occidentales. Y lo mismo ocurre en la otra orilla. Son relaciones ambivalentes.

En pequeña escala es lo que sucede también entre Pedro Castillo y Vladimir Cerrón. Se entienden a un nivel cada vez más incómodos y se enfrentan ferozmente en otro. La campaña, sin embargo, ha transado en un lenguaje mínimo. No hablan de estatizar, sino de “nacionalizar” los recursos naturales.

¿Qué es lo que esto significa? Es el “modelo boliviano” de Evo. Recordemos que el puneño Lescano –no es casualidad-, simpatizante de Evo, también habló en su momento de “nacionalizar”. Consiste, primero, en que el Estado, dueño del recurso natural, lo concesiona a una empresa estatal. En el caso boliviano, el gas a la estatal YPFB.

Bolivia no tiene el know how o el capital de riesgo, sin embargo, para explotar el litio y lo concesiona entonces a una empresa “nacional” en sociedad con capitales americanos o chinos, o rusos o europeos. “Nacionalizar”, según

Lescano significa también que la empresa “nacional”, si es privada, vende el recurso una vez extraído a una comercializadora “nacional”, como Velasco en el Perú hace 50 años.

Gracias a Evo Morales, YPFB tiene también un contrato con la empresa estatal rusa Gazprom para construir un gasoducto desde los yacimientos de gas bolivianos hasta el Oceáno Pacífico. Vizcarra aprobó ese proyecto, que terminaría en Moquegua. Con esto, la energía de todo el Sur del Perú pasa a depender de los bolivianos e, indirectamente, de los rusos. Esto es lo que depende del resultado de la elección peruana.

El socio de Evo es Moscú. Y sus aliados de La Habana y Caracas dudan de apoyar la línea “dura” del comunista ortodoxo Cerrón en la campaña. Para desmayo de Cerrón, prefieren la hoja de ruta de Pedro Castillo. Porque aquí es donde Moscú choca con Beijing. Es evidente la creciente incomodidad y desazón con que las mega empresas chinas en el Perú –en minas, energía y puertos- miran el lenguaje ambivalente de la “nacionalización” de los recursos naturales. Los chinos no juegan a la agresión política de La Habana, Caracas y el Foro de Sao Paulo. Su apuesta es de largo plazo y apunta a un liderazgo global en infraestructura con la Ruta de la Seda, en comunicaciones con el 5G de Huawei, y en la economía global con la guerra monetaria del yuan como criptomoneda mundial. China tiene hoy poco o nada que ver con aventurerismos políticos latinoamericanos cortoplacistas

Mediante una intriga, La Habana, Caracas y La Paz han sacado a Luis Carranza -el posible ministro de Economía de un gobierno de Fuerza Popular- de la presidencia de la CAF, hoy una organización del tamaño del BID. Es el botín.

Mientras tanto, Estados Unidos prepara una nueva política para Sudamérica -a la que llama “Near neighbour” (“Vecino cercano”), que apunta a trasladar a este continente, progresivamente, sus cadenas de producción en Asia para no depender de China. Naturalmente, la cabeza de playa es Colombia por sus dos orillas –Atlántico y Pacífico- y por su cercanía al canal de Panamá. Al parecer, existe ya un oferta de 40 mil millones de dólares para Colombia. El gobierno actual del Perú habría declinado conversar del tema.

Esta es la verdadera pugna en la que se juega nuestro destino. Los candidatos no lo dicen y el pueblo peruano no lo sabe.