El viernes la noticia más resaltante del Congreso fue la relacionada a la Moción de Censura planteada a la presidenta del Congreso y miembros de su Mesa Directiva. Al margen de sus motivaciones, se armó un debate sobre si el procedimiento aplicado, por ella, fue el correcto. Aquí algunas precisiones y reflexiones.

El Reglamento del Congreso define a las Mociones de Orden del Día, como “proposiciones mediante las cuales los congresistas ejercen su derecho de pedir al Congreso adopte acuerdos sobre asuntos importantes para los intereses del país y las relaciones con el gobierno.” El artículo del Reglamento enumera varios supuestos para ser presentados e incluye los “pedidos de censura o proposición de confianza para los miembros de la Mesa Directiva”. Ahora bien, el Reglamento establece un solo procedimiento para este tipo de Mociones de Orden de Día y no distingue apremios o prioridades, y esa es la razón por la que la presidenta suspende la sesión para continuarla el 30 de junio para debatir su Moción de Censura. Sin embargo, lo que la presidenta del Congreso no advirtió o no se lo advirtieron, es que una Moción de Censura a ella y sus vicepresidentes es una pérdida de legitimidad ante los congresistas y por esa razón los precedentes sobre ese particular dicen que las Censuras a la Mesa deben tratarse y resolverse de inmediato en la sesión en que se presentan. De esa forma ella y sus vicepresidentes recuperan su legitimidad, en caso la Moción de Censura fuera rechazada y así pueden seguir conduciendo el Congreso.

Lo correcto hubiera sido que la Mesa Directiva iniciara el trámite de la Moción de Censura dejando la conducción del debate en el pleno a sus accesitarios, que son aquellos congresistas de la lista que compitió con ella, o si nos lo hubiera, a cualquier congresista sobre la base de la experiencia o cualquier otro criterio.

Lo cierto es que en este momento el Congreso está siendo dirigido por una Mesa Directiva cuestionada, carente de legitimidad y confianza. La estrategia de la presidenta podría ser conseguir que se retiren las firmas de la Moción de Censura, pero lo que no puede olvidar es que los congresistas pueden pedirle reunirse en cualquier momento cuando lo soliciten la mitad más uno de sus integrantes.

Esta reflexión nos hace ver la importancia de la “hermenéutica parlamentaria”, la cual muchos no conocen pero que es obligación de los funcionarios del Congreso hacerla conocer.

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