Yo amaba un poco a Patrick Modiano. Eso de amar un poco a un autor suena a intento desesperado por colocarlo en tu pequeño edén literario en el que ya habitan Francisco Umbral y Pierre Michon (en ese orden; habría que colocar allí a Erri De Luca si somos justos, y si queremos ser más justos habría que poner dos o tres escritoras: a Nona Fernández, por ejemplo). Suena a falso amor, a desencuentro, a amor desconfiado. Y es que el amor y yo a veces no congeniamos y tenemos que dormir en camas separadas.

L’herbe des nuits es la tercera novela que leo de Modiano. Para empezar, probé su etiqueta de Premio Nobel con la autobiográfica Un pedigree, sin embargo, esta no cuenta porque la vida del autor francés resultó tan insulsa como el libro ya mencionado (en el que intentó purgar los peores recuerdos de su desgraciada infancia). Igual, tanteando en la biblioteca, le di otra oportunidad con L’horizon (o quizá Modiano me la dio a mí). Y el cambio cualitativo fue enorme. Sobre todo porque podía pasarme leyendo muchas páginas sin consultar el diccionario. Todo tan simple y tan profundo a la vez. Una máscara tras la cual se me revelaban los asuntos más trascendentales de mi también insulsa vida cotidiana. Novela corta y ligeramente letal. Me gustó, y eso equivale a tres estrellas en Goodreads.

Con L’herbe des nuits pasó algo diferente. El amor estaba allí, en el aire, antes de empezar a leerla. Pero apenas la comencé, la atmósfera que estuvo cargada de neblina y nostalgia en L’horizon ahora, en L’herbe des nuits, era más densa y apenas logré vislumbrar las acciones de los personajes. Todo tan fantasmal, onírico y confuso. Luego uno repara en que está leyendo L’horizon pero en su versión más pobre. Ambos libros son como esos hermanos unidos por alguna malformación. Y al separarlos, uno lleva la peor parte (si es que el hermano desgraciado no muere luego de la separación). Y la desgracia tuvo que recaer en L’herbe des nuits. De hermandad tienen esto: mujer misteriosa, sucesos turbios, París triste, hombres peligrosos (parece que Modiano se ha pasado su juventud conociendo gente peligrosa). Solo que en esta novela todo está deslucido, apagado o desgastado.

Y, como decía en un inicio, yo creía amar a Modiano (solía llamarlo Modi con los amigos), pero ahora me ha decepcionado y es justo darnos un tiempo.