Como lo descubrieron los antiguos egipcios, la historia es un instrumento de la política y por tanto corre su misma suerte. A lo largo de los siglos, se ha tejido un relato oficial de cada momento histórico con objetivos determinados por las necesidades de las naciones y de las élites dominantes. Se acerca el Bicentenario de la Independencia de nuestro país y todos los preparativos han quedado relegados, por ahora, por la grave pandemia que ya en agosto de 2020 amenaza causar más muertos que el fenómeno terrorista de finales del siglo XX. A menos de un año de conmemorar la famosa declamación del General San Martín, conviene buscar sin prejuicio alguno, algunos conceptos desarrollados por historiadores honestos que no se resignaron a la verdad oficial redactada por el militarismo peruano del siglo XIX tratando de establecer una identidad nacional a partir de la idealización del breve Imperio incaico y ocultamiento de las importantes culturas pre-incas, así como la construcción de un relato ficticio sobre el Virreinato peruano.

Mientras los criollos liberales egresados de San Carlos y de San Marcos habían intentado participar en las juntas de gobierno peninsulares para enfrentar la invasión napoleónica y se entusiasmaron con las juras de la Constitución de 1812 que nos convertía en ciudadanos españoles con libertades y derechos, los curacas mestizos e indígenas se habían incorporado en la estructura virreinal y la defendieron antes y después de julio de 1821, enfrentando a los ejércitos extranjeros que amenazaban la estructura de poder español que había reemplazado al quechua invasor, y que ahora los beneficiaba.

Eso explica en parte el por qué hubieron muchos más peruanos en el ejército realista que peleó en la Batalla de Ayacucho que en el bando independentista. También la Guerra de Iquicha, convenientemente ignorada por la historia oficial, donde indios y mestizos se enfrentaron en Huanta y Huamanga al ejército patriota, entre 1825 y 1828 al mando del General Antonio Huachaca, al que se unirían luego dos regimientos de Húsares de Junín que se amotinaron y unieron al Ejército Restaurador. Precisamente, una de las principales batallas fue en Uchuraccay, trasladándose luego el enfrentamiento a la fase de guerrillas, primero en las punas, para terminar definitivamente en la selva de Apurímac.

¿Qué es lo que conmemoraremos en el Bicentenario? Si la independencia nos fue impuesta y fue políticamente prematura. Debería ser la ocasión de reflexionar, y descubrir, nuestra identidad como Nación y la verdadera naturaleza de la Peruanidad.