El Perú lleva años tratando de controlar el cultivo de la hoja de coca, un porcentaje pequeño, entre el 5% al 10%, va al consumo tradicional, el resto a convertirse en PBC o cocaína, producto cuya comercialización y consumo están prohibidos en el Perú y en gran parte de los países del mundo.

Hace alrededor de 30 a 40 años, el área de mayor producción estaba localizada en la región San Martín (Juanjuí – Tocache), pero en esta región se construyeron carreteras conectadas a las redes nacionales, mejoraron los servicios públicos, las comunicaciones de teléfono y celulares, con ello un mayor control de parte del gobierno, impulsando los servicios educativos y de salud, se efectuaron desarrollos agrícolas importantes de Palma y Cacao, disminuyendo considerablemente el cultivo de la hoja de coca, trasladándose al río Putumayo, frontera con Colombia y al Vraem, donde también llegaron los satélites de la coca: el terrorismo y narcotráfico trayendo violencia, corrupción y evitando el desarrollo.

Actualmente, se estima que los cultivos de coca en el país estarían superando las 60 mil hectáreas y por primera vez, un gobierno a través de su ministro del Interior Luis Barranzuela, estaría apoyando suspender la indispensable erradicación, sosteniendo que hay que industrializarla, pero sin tener a la fecha ningún proyecto y sin considerar que Evo Morales en Bolivia no tuvo éxito.

La consecuencia será un nefasto crecimiento del área de sembrío de coca inclusive, ya se han presentado huelgas de cocaleros que producen desorden y daños a la propiedad.

Una hectárea de sembrío produce 2 toneladas de hoja de coca, se extraen 12.5 kg de PBC que rinden 5 kg de cocaína, teniendo 60 mil Has. de cultivo se alcanza una producción anual de 300 toneladas de cocaína, que salen en vuelos de avioneta a Bolivia y Colombia, país que cultiva 170 mil Has. de hoja de coca.

El precio de la hoja de coca varía mucho, pudiendo llegar a rendirle al productor agrícola alrededor de 4 mil dólares por hectárea, muy superior al rendimiento de cultivos tradicionales como la palma $1,600 (80 toneladas de fruto a $20.00) o el café $1,500, cacao a $3,000 y los arándanos alrededor de $4,000 por Ha. Por su parte el precio de venta de la cocaína en su destino final está en el orden de $10,000 por kilo.

En conclusión, todas estas cifras podrían variar, pero confirman que la cadena de producción de cocaína redunda en altas ganancias ilícitas, razón por la que su producción y comercialización resultan complicadas de controlar, a pesar de su prohibición.

Para lograr el control en el Vraem se demanda construir carreteras, aeropuertos, etc., de tal manera que la presencia del Estado y la inversión privada puedan llegar con facilidad, pero siempre controlando la producción de coca, incluso en cualquier otra área alejada en la que se instalen.

Finalmente, oponerse a la erradicación de la hoja de coca que se utiliza para producir drogas prohibidas, debería denunciarse judicialmente, de esta manera el país se librará de un nuevo y negativo enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Congreso.

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