¿Puede considerársele a esa planta andina como sagrada en el Perú? Siempre me sorprendió tal planteamiento como una falsedad para ocultar una mentira bajo un supuesto sacralizado.

La papa, tubérculo también nativo de los Andes peruanos, sí podría recibir ese calificativo como una especie vegetal alimenticia que ha contribuido decisivamente al sustento de la humanidad. En nuestro país funciona un Centro Internacional de la Papa, en torno al cual se realizan estudios e investigaciones que contribuyen al bienestar del Perú y del mundo.

Sin embargo a nadie se le ha ocurrido escribir una oda a la papa, a pesar de que después del arroz y del trigo es el tercer cultivo alimenticio más importante del mundo.

¿A quién alimenta la hoja de coca? A los narcoterroristas, cuya actividad se fusiona en la defensa de un cultivo, que rinde magros beneficios económicos a los campesinos, pero incalculables ganancias a quienes lo explotan para su transformación en cocaína.

La sacralización de la hoja de coca es una de las mayores mentiras que circulan en el mundo. Pero lo que es más grave, el narcoterrorismo se ha vinculado en Colombia, Perú, Bolivia y quizás Ecuador con iniciativas políticas de extrema izquierda, que con el pretexto de defender a humildes campesinos, engrosan sus bolsillos al peor estilo criminal de Pablo Escobar.

El narcotráfico es una amenaza mundial en todas sus manifestaciones y continentes. Se dirá que existe porque hay demanda. Cierto y debemos reconocer que la cocaína al igual que muchos otros narcóticos, surgió por una debilidad de ciertos grupos sociales de Occidente, que necesitan darse valor con sustancias narcóticas, muchas veces acompañadas con drogas sintéticas. Es un factor negativo del mundo desarrollado, que requiere de ciertos estímulos para proyectarse en determinados ámbitos artísticos, musicales, literarios y cinematográficos.

Sin embargo es una necesidad artificial que debe ser combatida, porque hunde a sus consumidores en la peor de las desgracias. La droga destruye a la persona sea cual fuere la situación en la que se encuentre.

El Presidente Castillo dijo en Pichari que el Estado peruano debe promover la industrialización de la coca. Sabemos que ese cultivo se destina en un volumen no mayor del 10% al consumo tradicional de chachar en la población andina para suplir sus carencias nutritivas.

El 90% está dirigido a la elaboración de la pasta básica y después a la producción de cocaína, una pequeña parte de la cual se queda en el Perú para los drogadictos locales, pero el resto se exporta ilegalmente. El uso industrial de la coca para fines legítimos, medicinales, bebidas o infusiones es mínimo y no requiere de la protección del Estado. La supuesta industrialización de la coca es un pretexto para convertir al Perú en un narcoestado dirigido por mafias políticas empeñadas en capturar el poder. No debemos permitirlo.

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