Muy oportuno el último informe de la OCDE, CEPAL, CAF y la Comisión Europea denominado “Perspectivas económicas de América Latina 2020: Transformación digital para una mejor reconstrucción”, en la que se exhorta a los gobiernos de esta parte del continente a diseñar e implementar reformas radicales usando la tecnología como parte de las estrategias para la reactivación de la economía, el empleo, la productividad y los servicios esenciales que el ciudadano requiere para superar la pandemia como la salud, educación y seguridad.
Obviamente, uno de los grandes obstáculos a enfrentar y superar es la enorme brecha tecnológica existente, lo que, paradójicamente constituye también una gran oportunidad para iniciar una gran transformación en la forma como hacer empresa para atender una demanda creciente de servicios digitales originados por la Covid-19, con lo cual podemos ir a un proceso de formalización de la economía de la mano con la capacitación e innovación tecnológica, y cuyos actores claves son los micro y pequeños empresarios.
La revolución digital en la educación resulta también ineludible. La inversión en capital humano (docentes capacitados en nuevas herramientas y adaptación de contenidos); plataformas de acceso universal y gratuito para los escolares (que incluyan un kit básico: laptop, teléfono celular con datos e internet básica); y un ecosistema de servicios digitales educativos para los docentes, alumnos y padres de familia, resulta más que imperativo. La infraestructura escolar tiene que reconvertirse, dándole prioridad a los talleres artísticos, deportivos y de formación laboral; así como laboratorios y centros de innovación.
También se debe imponer la telemedicina. Los avances en este campo resultan sorprendentes en otras latitudes, por lo que su implementación dentro de la oferta de servicios por parte del Estado en alianza con el sector privado resulta también estratégica. Con esta revolución (teleconsulta, exámenes clínicos y entrega de medicinas a domicilio) la primera línea de atención primaria de la salud se cubriría en gran medida, contribuyendo a universalizar su acceso.
La seguridad ciudadana también tendrá que ir a grandes trancos con la ayuda de la innovación. El último “grito de moda” de la “denuncia policial electrónica” resulta sólo un hilo de una larga madeja de innovación que nuestras fuerzas policiales deben implementar: base de datos para la identificación facial remota a través de la integración de todas las redes de videovigilancia, con soporte de información de acceso virtual a la lista negra de todas las promociones de delincuentes primarios y reincidentes.
Y, por último, y no menos importante, una revolución digital al interior del Estado, que ayudará a redimensionarlo, fusionarlo y transparentarlo, lo cual contribuirá a eliminar el compadrazgo, la corrupción y el mal uso de los fondos públicos, priorizando servicios digitales eficientes al ciudadano y dándole oportunidad a una participación más efectiva en las decisiones de política pública. La hora de la revolución digital ha llegado.