Las relaciones extraprocesales que un magistrado desarrolle y que interfiera con el ejercicio de su función con autonomía sería una causal grave, que según la Ley de la Carrera Fiscal, daría lugar a la destitución de Zoraida Ávalos, no solo como fiscal de la Nación, también como fiscal suprema al que habría accedido sin merecerlo, sino para obedecer los designios de quien o quienes la habrían puesto en ese cargo, uno de ellos sería nada más y nada menos que César Álvarez. Por lo pronto, varios de los testigos de la reunión donde se habría tomado tamaña decisión aún están con vida.

Esto tiene muy pero muy nerviosa a Zoraida Ávalos, que ya no puede esconder su desesperación y estaría usando los poderes de su cargo para obtener los actuados de los casos Cuellos Blancos y Cavassa. Sus declaraciones serían el motivo del nombramiento de la fiscal Sandra Castro, quien ha obligado a su par, Rocío Sanchez, a evidenciar presiones para acceder a la carpeta fiscal. Recuerden que con ese cuento vacaron al fiscal Pedro Chávarry.

Todos los caminos llevan a Roma, no solo hay cuestionamientos por visitas a Palacio, sino porque se dice que le debe el cargo a Martín Vizcarra y a Mirian Morales, y parece también que por ellos lo perderá. Pese a que los días pasan se comienza a notar una omisión encubridora en actos propios de su función, hasta hoy la investigación penal contra el Presidente de la República no se ha iniciado, tras las grabaciones en Palacio. Ha dejado de lado a los testigos que desesperadamente han ofrecido sus testimonios pidiendo protección, como Fabio Noriega, y lo que es peor, amenaza a Karem Roca Luque, la principal testigo en su contra. La pelota está en la cancha de la Junta Nacional de Justicia; recuerden que fueron elegidos para hacer el cambio.