El último domingo le cursé un e-mail al monseñor Miguel Cabrejos, presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, al día siguiente me comuniqué con ellos y al no obtener resultados de la Oficina de Prensa, pedí hablar con el Secretario General Adjunto, quien muy gentilmente aceptó mis sugerencias y me puse a disposición para apoyarlos, de manera ad honorem en redactar el pronunciamiento, en ningún momento se habló de una carta.

Es así que me pidieron la argumentación constitucional y normatividad jurídica, ya que me informaron que “no había asesor legal”.

En la tarde me cursaron la carta dirigida a La República y mi sorpresa fue mayúscula, ya que el segundo párrafo de la misiva es de mi autoría, lo demás…, deja mucho que desear, empezando por el lenguaje inclusivo que no era necesario.

Muy a mi pesar, los representantes de la Iglesia Católica en el Perú, no me representan, desde el momento en que no han tenido el coraje de ser mucho más enérgicos y concretos en una carta que más parece hecha por compromiso, basta leer el primer párrafo.

La Constitución Política, en el Art. 2, prevé que “Toda persona tiene derecho:”, inc. 3 “A la libertad de conciencia y de RELIGIÓN, en forma individual o asociada. No hay persecución por razón de ideas o creencias. No hay delito de opinión. El ejercicio público de todas las confesiones es libre, SIEMPRE QUE NO OFENDA LA MORAL ni altere el orden público”.

Inclusive el Art. 18, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, señala: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.

La Iglesia católica está dotada desde sus inicios del derecho canónico, el cual constituye su ordenamiento jurídico, por lo tanto, la Conferencia Episcopal Peruana debió honrar tajantemente a la feligresía y hacerse respetar.

Cada uno es libre de creer en determinada religión o ser ateo; el Perú es un pueblo eminentemente católico. Como hombres de bien, tenemos la obligación moral por Derecho Natural de respetarla y no deshonrarla.

El Código de Ética Periodística en su Art. 5 preceptúa: “Independientemente de la religión o creencias que se profese y aún si se declara agnóstico, el periodista está moralmente obligado en su ejercicio profesional a honestar a Dios y los dogmas. Es su deber respetar las creencias religiosas aunque no las comparta”.

El cardenal y Arzobispo de Huancayo, Pedro Barreto Jimeno, hasta el momento permanece en un silencio sepulcral que lo hace cómplice de tal blasfemia.

Como católico las disculpas publicadas en el citado medio, simplemente no las acepto. Dios y la Virgen María saben lo que hice y eso es más que suficiente para mí conciencia y paz espiritual.