Muchos son los aspectos que se manejan respecto al trato hacia los animales en diferentes deidades, existen religiones politeístas y monoteístas, las cuales como ciudadanos con cultura debemos respetar, tanto como el ateísmo, sin embargo, ¿qué sucede cuando en el núcleo familiar inculcamos a nuestros niños como nuevas generaciones, a respetar a los animales como parte de la familia y que apliquen la unificación de especie en la medida que desde pequeños puedan ser capaces de no discriminar a un animal o inclinarse por el especismo creyendo que la raza humana es superior y la animal una inferior produciendo la muy reacia discriminación?

Mediante prohibiciones y diversos mecanismos las élites religiosas establecen límites entre el bien y el mal, ven a los animales como “los otros seres vivos”. Lo cierto es que no podemos proclamar el bien y a la vez instigar el mal.

“Es importante dejar de animalizar al mundo, vemos gente que envía a sus padres a asilos y se preocupa más por peinar a sus perros, no podemos darle más importancia a un animal que a nosotros los humanos”, fueron las palabras textuales de un sacerdote católico en la liturgia de palabra celebrada en misa del último domingo mediante emisión virtual.

Existe diferencia entre afinidad y respeto, cualquier representante religioso o político puede estar en desacuerdo con la afectividad a los animales, pero jamás puede llegar a transmitir una información incorrecta basada en ausencia de ética y aprovechando su cargo público para generar una comunidad antropocéntrica. Es evidente que un humano con valores y corazón fecundo no debe dejar a sus padres en abandono moral ni físico; pero esto, no está relacionado a la inclusión de un animal en un hogar.

¿No es mejor una buena acción que una fe de prédica? Grandes doctores, santos e ilustrísimos representantes del catolicismo reconocen a los animales como seres vivos con derechos a inclusión y muchos sacerdotes son taurinos y otorgan la bendición al torero que mata a un toro sano. La bendición –creo yo- es algo que no se le niega a nadie; en ese sentido debemos todos de ser respetuosos a la vida animal dentro de un marco jurídico y social. El Papa Francisco dice: El paraíso está abierto a todas las criaturas de Dios, representantes del Vaticano alegan reconocer el alma en los animales, soplo de vida -vocablo animalis, latín (‘anima’, alma)-, los humanos debemos ser solidarios con los animales no humanos y el catolicismo debe ser congruente en acciones y en su capital humano. No puede existir un sacerdote que exhorte a una acción contraria a lo que proclama su superior jerárquico. Pero más allá de religiones, el punto es que mientras no nos veamos todos los seres vivos con el mismo respeto (LGTB, ANIMALES, DISCAPACITADOS) estaremos más alejados de la tan ansiada UNIFICACIÓN DE ESPECIE.