Está previsto en nuestro ordenamiento constitucional vigente que, entre otras causales, “…la permanente incapacidad moral o física declarada por el Congreso…” genera la vacancia de la Presidencia de la República, como un instrumento de control político que el Parlamento puede usar a fin de separar a la persona que se encuentra ejerciendo la más alta magistratura del país y que, por su comportamiento indeseable, merece ser separado del cargo. Por ejemplo, quien se encuentra ejerciendo la jefatura del Estado, un día cualquiera, se “escapa” de la casa de gobierno, y con un grupo de amigos, toma licor de una manera incontrolable que lo motiva a realizar actos indebidos públicamente, los cuales son registrados por inobjetables videos, además de ser difundidos por las redes sociales. Este proceder no podría ser, necesariamente calificado como delito ni menos producto de una deformación mental, pero me pregunto: ¿sería un comportamiento aceptable o comprensible de la persona de quien representa a la nación? La respuesta es un “no”, contundente.
Producido este bochornoso hecho, y de no tener establecida la antes indicada causal, no habría ninguna posibilidad de retirarlo del cargo, sino esperar a que termine el periodo de gobierno.

Asimismo, y para mayor convencimiento, otro hipotético caso. Si se produjera una conducta del Presidente de la República, por cierto no querida ni deseada, en la que, producto de una discusión violenta con su esposa, toma un arma, y le quita la vida, de acuerdo con las normas legales existentes, no podría ser acusado sino hasta después del término de su mandato.
Es decir, la persona de quien está ejerciendo la primera jefatura del Estado está protegido por una especie de impunidad que, para el ciudadano común y corriente no tiene explicación y, de seguro, va a exigir una oportuna y rápida actuación de la justicia.

Razón por la cual, el constituyente, cuando elaboró la vigente noma constitucional, con acertada decisión, incluyó la incapacidad moral permanente, como causal de vacancia.
Esto significa que facultó al Congreso de la República para, en ejercicio del control político que le corresponde, pueda separar del cargo a la persona que está ejerciendo la Presidencia de la República, antes de que termine su mandato, por haber actuado de una forma que desmerece su condición de primera autoridad política del país o, para facilitar la actuación de la justicia, permitiéndole castigar al infractor de un hecho delictivo en forma oportuna, más aún cuando se trata del propio jefe de Estado.

Por lo tanto, esta es la clara justificación que amerita la existencia de la causal de vacancia presidencial, derivada de la incapacidad moral permanente del primer mandatario, al haber premunido al Parlamento Nacional de la facultad que, ejercida responsablemente, frente a eventualidades como las antes citadas, terminan siendo el instrumento de control más importante y eficaz con que cuenta el Congreso, en representación de la población, para encontrar soluciones que permitan cortar el mandato presidencial de la persona que se encuentra ejerciéndolo y que, por su conducta personal, ha dañado indiscutiblemente la majestad del cargo.

Pretender modificar el dispositivo constitucional que estableció esta causal de vacancia o, en su defecto, tratar de interpretarlo, como lo está promoviendo un determinado grupo político partidario del Congreso, traería como consecuencia una desnaturalización de este mecanismo de control y, lo que es peor, quitaría al Parlamento del recurso más efectivo que tiene a su alcance para resolver problemas derivados, por decir lo menos, de inconductas que desprestigian a quien la ejerce, en particular, cuando se trata de la persona del Presidente de la República.

Cualquier propuesta o pretensión de querer modificar o interpretar la normatividad vigente, con toda seguridad, estará motivada por el temor o interés de proteger actos o hechos indebidos o inaceptables que ya se han producido y que, con las normas actualmente vigentes, se puedan aplicar para mantener el orden constitucional y democrático.

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