La llegada a México del presidente Castillo, proclamado mandatario por un comunista que preside el JNE, marca un baldón para el Perú. Porque primero, fue una vergüenza nacional contemplar a Castillo, llevando puesto el sombrero luminoso, siendo recibido por el secretario de Exteriores mexicano. Como si el jefe de la cancillería de aquel país le hubiese atendido vistiendo sombrero de charro. Hay más. Castillo iba flanqueado por el citado funcionario y por la esposa de este, mientras su propia esposa caminaba extraviada detrás suyo. La vergüenza se convirtió en náusea, cuando Castillo abrió la boca en la sesión del Celam intentando decir “algo”. Sencillamente no conjugaba una sola frase congruente; balbuceaba despropósitos; salpicaba un castellano ciertamente indigno de ser hablado por quien, siendo profesor de escuela, representa además a una de las naciones sudamericanas de mayor talante cultural. Un incalificable ultraje al Perú por parte de quien, atrabiliariamente, funge de jefe de Estado sin estar calificado para ello. Por ejemplo, pese a que leía, públicamente se manifestó de esta manera a nombre suyo, amable lector: “La Celac hoy día debe concretar un hecho concreto.”

¡Lo que sí tiene claro Castillo es imponernos esa meta fundamentailsta y totalitaria que conocemos de Cuba, Venezuela y Nicaragua! Castillo lo anticipó durante la primera vuelta electoral. ¡Fuimos muy pocos quienes lo advertimos! Aunque luego, asesorado por la agencia de inteligencia cubana, cambió de discurso en el ballotage y la mayoría cándida volvió a confiar en él. Pero, ¿qué harán los peruanos, ahora que urge actuar de inmediato para evitar que el cáncer haga metástasis? Y cuidado. No nos referimos a la masa popular. Hablamos, fundamentalmente, de quienes integran la academia, el empresariado, los “millennials”, el hombre común y corriente, etc., quienes han resultado ser los verdaderos responsables de que el comunismo llegue al gobierno gracias a su voto. Peruanos que marcaron por Castillo, u optaron por no elegir a Keiko intoxicados por el efectista mensaje zurdo “encarna a la corrupción y a la derecha”. Sin embargo, despejada ya la incógnita que Castillo está en el Ejecutivo para convertirnos en Cuba o Venezuela, ¿qué harán esos peruanos? ¿Respaldarlo, al colmo del suicidio masivo?

Ocurrió con la mayoría de alemanes, que simpatizaron con las ideas demenciales de Hitler. Asimismo con los italianos, que idolatraban a Mussolini. Dice Camus: ”La plaga no está hecha a la medida del hombre, por tanto este piensa que es una pesadilla que pasará. Prefiere pensar eso no durará”´. ¡Y ninguno mueve un dedo para impidir que dure! Estamos viéndolo acá con la indolencia de una población incapaz de reaccionar, pese a que en menos de dos meses el comunismo senderista ha destripado el Estado nombrando a terroristas y a los personajes más incapacitados para ocupar puestos de alta responsabilidad. ¿Qué esperan los peruanos?¿Que encarcelen a periodistas, que secuestren estaciones de radio/televisión, que confisquen diarios y/o que intervengan bancos empresas, etc.? ¿O que finalmente incauten su mype, bodeguita, pequeño negocio? ¿Aguardan acaso que no haya nada más que hacer para preguntarse recién, “y ahora qué hacemos”?

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