Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, firmó el “Juramento Por la Democracia” formulado por la Conferencia Episcopal del Perú, la Unión de Iglesias Evangélicas del Perú, la Asociación Civil Transparencia (PERÚ) y Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (CNDDHH). Esta última fungió de exitosa abogada de los senderistas ante la CIDH, consiguiendo que saliesen libres y, además, indemnizados por nuestro Estado. Por su lado Transparencia Internacional es una oenegé planetaria que, entre otras, se nutre de una sucursal peruana, de la mano de otros tentáculos del político correctismo que coquetean con el comunismo sudaca y, por ende, repudian la religión. En especial a la Católica. Hoy, sin embargo, todo ese entramado de oenegés están fascinadas con el catolicismo, entusiasmadas por un papado escorado hacia estribor. Igual les sucede con el arzobispado limeño, ahora dominado por el progre marxismo del tercer milenio. Transparencia y las demás oenegés manipuladas por la izquierda planetaria, son sin la menor duda agnósticas. Sin embargo hoy no solamente ya no aborrecen a Roma y a su sucedánea, la iglesia católica peruana, sino que mañana, tarde y noche hacen todo lo posible por promocionar su protagonismo y alabar su supremacía.
No debemos olvidar que Transparencia es una oenegé con sede en Berlín que, entre otras sucursales, mantiene una en Perú. Durante un tiempo, ésta estuvo a cargo del inefable Allan Wagner, quien se encargaría de tapar un gran escándalo protagonizado por un tal Gerardo Távara, por entonces secretario general de dicha entidad, tras ser acusado de perpetrar hostigamiento laboral y sexual a una subordinada. De modo que carece de autoridad moral para demandar credenciales “democráticas”. Transparencia alega representar a la “sociedad civil”. ¿Qué documento lo prueba? Porque aquello de “sociedad civil” es un holograma, bien fabricado. Apenas una entelequia inventada por el progre-marxismo internacional que, sin la votación popular, sostiene representar a la sociedad peruana. ¡Y no presenta credencial alguna! Pues bien, ese conjunto de entes de corte netamente sesgado hacia la izquierda –excepto las Iglesias Evangelistas del Perú- pretende controlar el futuro del país haciéndoles suscribir a algunos candidatos compromisos políticos dándoles carácter de dogmas de fe de obligatorio cumplimiento, dizque “porque salvaguardan el sistema democrático”.
Sin embargo, ni Transparencia, ni la CNDDHH, ni la Conferencia Episcopal Peruana alzaron su voz a raíz del golpe de Estado del miserable Vizcarra contra el Congreso del Perú; ni han reclamado ante las omisiones de candidatos de la izquierda (incluido Castillo) quienes, entre otras faltas graves, escondieron aspectos transcendentes en sus hojas de vida -presentadas al Jurado electoral- en uno de los más determinantes comicios para nuestra nación. Esto entre muchísimas otras flagrantes omisiones que demuestran su absolutamente sesgada “defensa de principios democráticos”.
La única defensa a los principios democráticos se cumple exigiéndole a los candidatos respetar escrupulosamente la Constitución del Estado. Abarca su rigurosa observancia tanto en cuanto al desarrollo de las actividades de la vida nacional regidas por la Carta Magna, como a los protocolos para introducir cualquier cambio en ella. Y con evidente mayor razón, las demandas para sustituirla por una nueva.

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