La infamia es una manifestación de la vileza en el corazón del ser humano, se manifiesta cuando el vil actúa buscando su propio provecho no importándole los demás; en tal modo que puede llegar a hurtar, matar y destruir vidas, honras y la integridad de las personas con tal de conseguir sus propósitos subalternos.

De tal manera que la infamia y la vileza van de la mano en un hombre y lo caracterizan por ser frío, calculador y tener la habilidad de presentarse ante los demás como “bueno”, logrando engañarlos.

El vil es capaz de hacer cosas horrendas moralmente sin ningún escrúpulo, calcula sus pasos para lograr sus propósitos de provecho propio y si en sus planes tiene que destruir personas, lo hace sin remordimiento, es un psicópata moral, alguien que ha perdido la conciencia del bien y del mal.

Cuando uno se topa con un psicópata moral puede creer que se trata de una gran persona, porque la vileza tiene la habilidad de tratar con cada persona diciéndole lo que quiere escuchar, lo que en política puede ser muy eficaz para engañar incautos con las promesas electorales que aspiran.

La política de este mundo está llena de psicópatas morales, personas que no estando preparadas para dirigir los destinos de sus naciones se lanzan a la aventura de llegar al poder usando la vileza que anida en sus almas como herramienta de defraudación de sus pueblos.

El peligro de que un psicópata moral llegue a gobernar una nación es que lo hará con sentido de mal, de aprovechamiento propio y por consecuencia llevará a la denigración moral a la nación, más allá de los desastres que haga en el manejo del Estado y de la vida del país que acarrearán pobreza, calamidad y destrucción.

Tener 35 años y ser peruano de nacimiento son los únicos requisitos para ser Presidente en el Perú, si solo se aplicaran test psicológicos a los candidatos tal vez quedarían muy pocos, porque la mayoría no pasarían la prueba de capacidad moral, mental y psicológica.

Candidatos que mienten, calumnian e infaman a sus opositores en campaña electoral, amenazan con ser los destructores de la nación, aunque se rasguen las vestiduras electorales de falsa honestidad, de lucha contra la corrupción, y afirmen defender principios y valores superiores como la vida y la familia, en tanto destruyen honras con infamias, por ambición de llegar al poder. Abramos los ojos.