Al reciente arribo a Washington de la delegación peruana, para la participación del mandatario Pedro Castillo en la sesión del Consejo Permanente de la OEA y la Asamblea General de las Naciones Unidas; el ministro de Economía y Finanzas (MEF), Pedro Francke, declaró a la prensa: “voy a hablar con inversionistas de todo el mundo para que vengan a Perú”. Frase para la tribuna, que ni él mismo se la debe creer. Si hay algo infalible es que la inversión se dirige hacia países donde se den señales de confianza.
Las estadísticas oficiales del Banco Central de Reserva (BCR), en su reciente Reporte de Inflación a septiembre de este año, muestran el desinterés privado para invertir. La proyección del crecimiento de la inversión privada para el 2022 es de 0%. Es oportuno recordar que la inversión pública solo representa el 20% del total y que el 80% corresponde al privado. Las cifras no son nada alentadoras para la economía peruana por lo menos para el próximo año.
Es una perogrullada decir que la razón del comportamiento inversor se debe a la desconfianza generada en el discurso y la acción gubernamental, ni siquiera todavía ha tenido una gran influencia el tema de la reforma de la constitución, que el partido de gobierno ha decidido ir por la ruta de conseguir 2.5 millones de firmas, con resultado impredecible y de aplicación discutible para la convocatoria a un referéndum para definir por una Asamblea Constituyente.
Para muestra de lo afirmado bastan tres temas de los diversos que forman parte del discurso oficialista: “la recuperación de Camisea” y la “nacionalización de los recursos naturales”, mencionados por Pedro Castillo, con absoluto desconocimiento de lo que significan. Para redondear las torpezas tenemos las declaraciones del premier Guido Bellido, culpando a funcionarios gubernamentales y empresarios privados de la subida del tipo de cambio.
Con esas manifestaciones, la declasificación en el riesgo país por parte de Moody’s, que tiene como tema de fondo la desconfianza en la institucionalidad, el bajísimo nivel en los nombramientos de ministros y funcionarios, y el inocultable deseo de alinearse con el eje Cuba-Venezuela-Nicaragua-Bolivia, la convocatoria mundial a inversores es voluntarismo puro.

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