Tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe. Este dicho siendo famoso, en nuestro país, el nefasto paso de Vizcarra por la presidencia de la República y el dominio caviar desde el año 2000 para infiltrar a todas las entidades del Estado y controlar la gran prensa con algunas excepciones, no solo ha roto el cántaro, sino que ha demolido la institucionalidad estatal y dividido peligrosamente a la nación peruana en su conjunto.

Que Vizcarra haya tenido como una especie de empleadas incondicionales a las fiscales a cargo de las investigaciones sobre los cuellos blancos, que se haya utilizado los servicios de un investigado para la reparación y revisión del vehículo oficial del Ministerio Público, que también el policía a cargo de las interceptaciones estuviera a disposición del señor Vizcarra, la selectiva filtración de audios, la propaganda subliminal de casi toda la prensa para levantar las denuncias vizcarrinas que terminó con un cierre ilegal del Congreso para luego promover disturbios ante una declaración constitucional de vacancia en su contra por el nuevo Congreso, con muertos incluidos, en medio de un festival judicial de detenciones justificadas o no, pero ya sin credibilidad en este escenario de asco.

Vizcarra no respetó ni siquiera la pandemia covid para dejar de mentir y manipular, generando otro ambiente de corrupción generalizada donde muchos funcionarios se enriquecieron en un macabro juego con la muerte de miles de compatriotas. Mientras, la señora fiscal de la Nación, ¡bien gracias! Cuyo comportamiento al igual que la del fiscal

Pablo Sánchez amerita una inmediata y exhaustiva indagación sancionadora por parte de la Junta Nacional de Justicia, ente que tiene el deber de demostrar que no es un instrumento del gobierno de Vizcarra y decantar posiciones con el actual régimen que es la continuación del anterior.

La historia de las vacunas ya es una cuestión de espanto, no llegan en masa, solo se comprometió al Estado con las vacunas chinas, no se apoyó a los investigadores nacionales, tampoco se brindó opción alguna a la población para prevenir o mitigar los efectos del contagio con medicina alternativa y, para colmo de males, el gobierno recibió dos mil dosis de vacunas ya autorizadas para su uso y en vez de aplicarlas a los médicos, policías, enfermeros, entre otros, que enfrentaban al covid en primera línea, se las distribuyeron entre el presidente, ministros y familiares y no sabemos cuántos amigos más.

¡No más cuarentenas con tanto engaño!