Un tema que está siendo impulsado por la izquierda en el debate electoral es la idea de consultar al electorado sobre la posibilidad de convocar a una asamblea constituyente que redacte una nueva Constitución.

Si bien hay muchísimas cosas por mejorar en el país, hacer un borrón y cuenta nueva, dejando sin efecto la actual constitución, no va a resolver ninguno de nuestros problemas. Tirar a la basura 20 años de progreso, haciendo caso a las promesas vacías de una izquierda que no ha evolucionado y ve en la Constitución del 93 el símbolo del fracaso de su proyecto político, únicamente nos traerá incertidumbre y más pobreza.

La Constitución que tenemos nos ha hecho crecer y progresar como nunca antes en nuestra historia. Gracias al marco de libertad económica que instauró, hemos logrado que más de 6 millones de peruanos abandonen la pobreza y que más de 2 millones dejen atrás la pobreza extrema. Asimismo, el PBI per cápita se ha sixtuplicado y hemos reducido la desigualdad de manera considerable.

Esto no quiere decir que no tengamos aún un largo camino por recorrer. Tenemos un serio problema de gestión y un Estado mercantilista e ineficiente que no ha sabido invertir el dinero producto de nuestro crecimiento para darle más oportunidades a todos los peruanos, dejando a muchos excluidos. Esto, no obstante, no vamos a resolverlo cambiando de Constitución.

La izquierda suele acusar a los defensores de nuestro actual marco constitucional de no estar conectados con la realidad y de estar viviendo en otro país. Por más evidencia objetiva que uno pueda mostrarles, esta cae en saco roto porque para ellos la Constitución del 93 es “el pacto de Fujimori”, la “constitución de la dictadura”. Esto, por supuesto, no es preciso.

Si bien la Constitución del 93 fue consecuencia del autogolpe del 92, esta fue fruto del consenso logrado en el marco de un congreso constituyente en el que participaron diversas fuerzas políticas, incluyendo a la izquierda. Además, como tanto reclaman quienes quieren una nueva asamblea, se les preguntó a los peruanos si querían esa constitución en un referéndum y respondieron que sí por mayoría.

En realidad, los que parecen estar viviendo en otro país son ellos. La izquierda vive en un país de las maravillas, en donde basta con escribir cosas bonitas en un papel para que al día siguiente, como por arte de magia, se transformen en realidad.

Ojalá las cosas fueran tan simples, pero no lo son. No nos dejemos distraer por quienes no traen propuestas reales para nuestros problemas de fondo y nos ofrecen soluciones mágicas que, en realidad, no son más que fórmulas fracasadas del pasado que solo generan dependencia del Estado y muchísima pobreza.

Debemos mantenernos por el camino del crecimiento económico, conservando los lineamientos de la libertad que nos han hecho avanzar tanto, para darle a cada vez más peruanos la libertad y las herramientas necesarias para salir adelante y ser dueños del fruto de su trabajo. Esto solo lo vamos a lograr con reformas que nos permitan tener un Estado eficiente y confiable. Lo que necesitamos no es más Estado, sino un mejor Estado.