La capacidad de indignación de los izquierdistas está circunscrita a que quien cometa alguna acción criminal nos sea cófrade suyo. A él debe perdonársele cualquier delito -“errar es humano”- pero al opositor hay que macerarlo en cicuta embalsamándolo en la perpetuidad del ostracismo. A mis amigos todo, a mis enemigos la ley. Es el dogma de la izquierda. Un cinismo enfermizo basado en ese espíritu retorcido que cultiva esta ralea que, sin serlo, sencillamente se cree moral e intelectualmente superior a quienes están en sus antípodas.

El Perú se encuentra en uno de los peores trances de su historia. Lo que ha sucedido es que, a partir del golpe que produjo la revolución socialista de Juan Velasco, nuestra nación ha perdido horizonte. Quienes participaron en aquella dictadura cívico-militar –uniformados y rojos cívicos- son grandes culpables de lo que hoy le acontece al Perú. Detrás del militarote golpista se instaló una claque socialista inspirada en Fidel Castro y el comunismo soviético que en esos momentos exhibía con orgullo la monstruosidad criminal de una dictadura que asesinó impunemente a 60 millones de rusos -que no se identificaban con el comunismo- demostrando su alma totalitaria, miserable y lapidaria. Ni un solo velasquista –militar ni civil- denigró a Fidel Castro, aquel homicida que segó la vida de decenas de miles de cubanos no socialistas. Tampoco infamó a sus amigos del Soviet Supremo de la URSS, asesinos en serie que exterminaban en nombre de la revolución. De ahí –instalados dentro y alrededor de la ruin comisión de la verdad- los rojos velasquistas pasaron a juzgar con pasión -y hasta admiración- a la “revolución” de sendero y mrta, calificando a los terroristas de luchadores sociales; no genocidas tal cual corresponde. Justificaron el ataque terrorífico contra el país como “esencial para acabar con las injusticias cometidas por la derecha contra el

Perú; en particular contra las clases necesitadas”. Esta, amable lector, sigue siendo la filosofía de vida del rojo criollo.
Hoy los izquierdistas –entre ellos algunos millonarios- respaldan y aplauden a Vizcarra y a Sagasti. Dos sujetos que han arruinado moral, sanitaria, financiera y socialmente al Perú, después de que otro camarada, Ollanta Humala, iniciase la tarea de arruinar económicamente al país, quebranto que ha coronado exitosamente la dupla Vizcarra-Sagasti. Peor aún. Por culpa de esta pareja de incompetentes -¿exprofesamente o se hacen?- hasta el momento pasamos los 100,000 muertos debido el manejo infame de la pandemia por una autoridad, principalmente Vizcarra, que privilegió la componenda, la corrupción, el tráfico de influencias y el robo, en lugar de adquirir vacunas, plantas de oxígeno, camas UCI, respiradores. Por su parte Sagasti ha vegetado, dejando las cosas como las heredó de Vizcarra. Ello apunta a que, no estando Sagasti interesado en gestionar coherentemente el país, veremos otras decenas de miles de muertes,

Quienes glorificaron a Velasco aplauden a esta izquierda trapichera de Vizcarra y de Sagasti. Entre tanto, injurian “por hacer escarnio del caído” a quienes les enrostramos a ambos gobernantes y a sus ministros semejante crimen de lesa humanidad.