Una de las palabras más repetidas en los últimos días en nuestro país es justicia. La difusión de una serie de audios ha permitido conocer la tremenda podredumbre moral de las personas encargadas de administrarla en nuestro país. Por eso, haremos una síntesis del origen del concepto de justicia para la cultura occidental.

El primer intento por establecer una proporcionalidad entre el daño recibido en un crimen y el daño producido en el castigo, estableciéndose así el primer límite a la venganza como la ley del Talión. Ejemplo de esto es el Código de Hammurabi (Babilonia, siglo XVIII a. C.), aquí el principio de reciprocidad exacta se utiliza con gran claridad. Verbigracia, la Ley 197 dice que si quebraba un hueso de un hombre, se quebraría el hueso del agresor. La Biblia recoge este principio con la frase “ojo por ojo, diente por diente”.

Son los griegos quienes establecen la base de lo que hoy entendemos por justicia; aquellos se oponen a la antigua justicia del “ojo por ojo”. Platón, en La República, aborda la justicia, el libro se ocupa de la organización de un Estado de manera ideal. Para el fundador de la academia, justicia es que cada cual haga lo suyo, que cada quien haga su trabajo, cada individuo debe cumplir con el rol que se le ha asignado en una sociedad ordenada. En el caso de Aristóteles, la justicia es la virtud por excelencia, esta consiste en dar a cada quien lo que se merece. Distingue dos tipos de justicia: la conmutativa, que implica una igualdad en proporción de lo que se da y recibe; y la distributiva, basada en la equidad y permite corregir la justicia legal evitando abusos. Por ejemplo, no se les puede dar los mismos beneficios a personas que tienen méritos diferentes. De ahí a la justicia peruana de los “10 verdecitos”. Lamentablemente, hay una terrible involución.