Me dan arcadas cada vez que recuerdo la cobertura del cartel mediático en la génesis de la pandemia del coronavirus. Tengo grabada la imagen de una reportera del N fustigando en vivo y en directo a un vendedor de útiles escolares (que ya para este momento debe haber perdido casi toda su inversión porque no se sabe cuándo volverán las clases presenciales) por seguir trabajando pese a que su labor no era “esencial” para el Gobierno. ¿Y qué de “esencial” puede tener el trabajo de una prensa que se arrodilla al poder de turno por monedas con el rótulo de publicidad estatal? No vi jamás esta indignación de la colega con este vendedor de útiles para con el vacado expresidente Martín Vizcarra. Este receptor de coimas, según 6 aspirantes a colaboradores eficaces, nunca compró mascarillas, protectores faciales, pruebas moleculares, ni instaló plantas de oxígeno y menos las 2,000 camas UCI que prometió.

¡Recién nos enteramos de que tampoco firmó contratos para la adquisición de vacunas! La miserable gestión de Vizcarra frente a la covid-19 provocó que seamos el país con más muertes por millón de habitantes en el mundo, y la nación con la peor caída económica de la región. En cristiano: nos sumergió en una crisis sanitaria y económica sin precedentes, de la cual, sin embargo, estoy seguro de que los peruanos saldremos airosos a pesar de todo. A pesar de todos.

Esa prensa que se calló a pesar de lo aquí descrito es la misma que ha encumbrado de gurú al charlatán de Elmer Huerta, quien ha tenido la ostra de asegurar -junto a otros “expertos” de apellido impronunciable que sueltan su veneno en Twitter desde el extranjero- que, si vas a una marcha, no te infectas de coronavirus. A Huerta solo le faltó decir, como bien ha caricaturizado el cómico Carlos Álvarez, que, si protestas a favor de Martín Vizcarra, eres inmune al virus chino. Por eso es que me parece realmente indignante que colegas ahora renieguen de las familias que se reunieron en Navidad y que lo harán también en Año Nuevo. No tienen moral para decirle a la gente qué hacer o qué no hacer: ya los peruanos saben las medidas de protección que deben seguir para evitar enfermarse.

Ante la falta de vacunas, incluso, algunos han empezado a adoptar los consejos del doctor Manolo Hernández sobre el uso de la ivermectina -que ha servido, por cierto, en Chincha- como profiláctico. Cuando hay desgobierno, solo queda, pues, resistir.

Y resistiremos porque el verdadero peruano es aquel que ve oportunidad en el caos. Es ese ambulante que vendió polos y vinchas a los jóvenes equivocados que salieron a las calles por un golpe de Estado que solo existió en la mente de los morados. Es ese recién despedido que importó mascarillas de China y que ahora prepara dulces para repartir por delivery. Es ese policía que defiende la patria a diario aguantando piedras y vejámenes de caviares y rojos. Ejemplos hay miles. Aún hay esperanza; sobreviriremos y celebraremos con un abrazo infinito. Feliz Año.