En Lima, el 23 de setiembre de 1975, el poeta Carlos Zúñiga Segura, en su hogar de Magdalena del Mar, fundaba la revista de poesía La manzana mordida. Los invitados fueron recibidos con una manzana acaramelada, cosa inusual para eventos culturales. Esto sucedió mucho antes que Steve Jobs, Steve Wozniak y Rolnald Wayne fundaran Apple. Ellos lo hicieron el 1 de abril de 1976, en el garaje de la casa de Jobs. La historia señala que el símbolo de Apple se gestó después de que el diseñador esbozara una manzana mordida con rayas multicolores. Ambos llevan el símbolo de la manzana mordida y para ambos está reservado un espacio en la historia.

Después de tantos años, mucha agua ha corrido bajo el puente y los resultados son marcadamente diferentes. El imperio tecnológico y económico de Apple es indudable y ha invadido todos los rincones del planeta. Po otro lado, con seguridad, el poeta Zúñiga disfruta ver crecer el número de sus acuciosos lectores, quienes esperan impacientes las novedades poéticas de lo que sucede en el país. Nada comparable en términos económicos con lo conseguido por Apple, pero en un país como el nuestro, lo logrado por La manzana mordida es digno de resaltar, ha desarrollado un imperio mayor en las mentes de muchas personas, porque, en palabras de Isaac Newton, “Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”.

Las revistas de poesía dan vida a la cultura y ahí se registra el testimonio de quienes, desde el anonimato o desde la luz, tienen una voz respecto de la vida, del amor, la muerte, la naturaleza o de su propia existencia, vista desde su propio ángulo. Por eso cobra importancia el aporte de Zúñiga, de haber apostado por la cultura a través de su revista, desde una posición totalmente desventajosa, sin ningún apoyo y hurgando sus propios recursos y, a pesar de todas las adversidades, mantenerse vigente y llena de vigor. Esto suele suceder con algunos locos que se han negado a aceptar el estado de cosas y, como señalara Virginia Woolf, seguro Carlos Zúñiga “siempre deseaba alargar la noche y llenarla cada vez más plena de sueños”.

Es tiempo de volver al huerto, aromar el rosal con el hermoso sudor de quienes lucen con orgullo las canas y ofrecer un recital de poesía a la vida tal como lo hizo hace 45 años.