La mente y el cuerpo están íntimamente conectados, es decir, una mente perturbada afecta al organismo, muchas dolencias se han somatizado porque encuentra en el cuerpo una forma de escape, un caso palpable son las alergias, que muchas veces tienen un origen psicógeno; y viceversa, un organismo afectado se relaciona con el estado de ánimo, tristeza, preocupación, desesperanza, como por ejemplo, una enfermedad terminal que tienes conocimiento que la supervivencia en esta vida se encuentra condicionada a la dolencia de la persona; y más aún, cuando la persona no está preparada para un desenlace fatal, invade más la preocupación, no solo del afectado sino de su entorno.

El ser humano es una unidad biopsicosocial y espiritual, que el buen desarrollo depende mucho de la genética, herencia, psicología, el medio social y la parte espiritual que le han inculcado a la persona que lo perfilan hacer una persona fuerte o débil para saber afrontar los avatares de la vida y puedas salir de ellos y no te quedes anclado en la incertidumbre de no saber actuar y tomar las decisiones más adecuadas y asertivas. Este criterio me trae a colación un dicho de los hombres de mar, “antes existía barcos de madera y hombres de fierro, ahora hay, barcos de fierro y hombres de madera”. Lo que significa es que siempre en cualquier etapa de la vida debe estar preparado espiritualmente con la perseverancia y fe de saber capear el temporal en las circunstancias que se presenten, donde las fortalezas salen a relucir en aras de una supervivencia humana.

Para todos los actos humanos que se ejecutan debe prevalecer la tranquilidad, fruto de un buen estado mental y un organismo saludable, prueba de ello, tenemos a los deportistas que logran sus metas debido a su concentración, disciplina, motivación, espíritu de cuerpo para cumplir con los objetivos y metas trazadas. Pero esta actitud no solamente depende del deportista o deportistas, sino también del entrenador que dirige a la persona, su capacidad de motivación, el sentimiento de ser un triunfador y hacerlo con los deportistas que se encuentran bajo su dirección.

Observo en el deportista peruano que se tiene que trabajar mucho el aspecto psicológico, como por ejemplo el concepto de uno mismo, la autoestima, el no sentirse perdedores antes de haber comenzado la competencia, los complejos de inferioridad que interiorizan, debido al haber sido discriminados en su desarrollo por los diferentes problemas psicológicos.

Sí bien presentan habilidades en sus disciplinas que practican, hay que reforzar la parte mental y eso se realiza con un equipo multidisciplinario, el psicólogo deportivo, nutricionista, el director técnico, el pago realizado por su trabajo, que no padezcan necesidades económicas, caso contrario la mente no va a estar tranquila y su nivel de rendimiento no va a hacer el esperado para obtener buenos resultados. Es importante el dicho “mente sana en cuerpo sano”.