Vayamos por partes. En China, con excepción de los suicidas, sencillamente nadie renuncia por “razones personales”. Quien lo haga desaparece del mapa. Tan sencillo como esto: o se acata las órdenes del partido único –el partido comunista- o se atiene a las consecuencias. Esto viene a colación de la renuncia “por razones personales” de Li Zhiming, quien fue presidente de la junta directiva de Sinopharm, fabricante de las cuestionadas vacunas contra el Covid que, de modo tan desesperado e irresponsable, ha adquirido el Perú por órdenes del presidente de paso Francisco Sagasti. El tsunami al interior de la farmacéutica china no quedó ahí. También –“por razones personales”- renunció Li Hui, director ejecutivo de una subsidiaria farmacéutica de la Corporación Nacional de Medicinas de China, la CNCM. Según el cable, la vacuna china -que ha comprado el Perú- está elaborada con dos sueros “basados en virus desactivados en la tercera fase de prueba clínica. Uno de ellos, desarrollado por la subsidiaria Instituto de Productos Biológicos de Beijing, obtuvo (tan sólo) la autorización condicional para su comercialización el último día del año 2020; un día después de anunciarse que su efectividad era de (apenas) 79.3%”, comparada con 95% de efectividad de la vacuna de Pfizer y 91.8% de su par Sputnik. Saque sus conclusiones, amable lector. Otro cuento chino es el misterio del precio de la vacunita de marras que, según la ministra de Salud Mazzetti, es “secreto comercial pactado por contrato”. Esto será válido para gobiernos totalitarios como el de China. Pero jamás en un régimen democrático. Todo lo secreto, amable lector –sobre todo si se trata de adquisiciones hechas por el Estado (con más razón si es el peruano)- acarrea justificadísimas sospechas de corrupción. El dinero del pueblo no debe ser manejado con opacidad sino con toda la transparencia posible.

Como ciudadano que ha pagado la vacuna comprada por ucase de Sagasti, emplazo al gobierno a que revele cuánto, cómo y cuándo remesó para adquirir las malhadadas vacunas, y precise el número de dosis que ha contratado y por cuántas ya se ha pagado, a la vez que confirme en qué fechas definitivas llegarán al Perú estos inmunizadores. Es evidente que en agosto pasado Vizcarra mintió –por enésima vez- a los peruanos, al afirmar que “a finales de 2020 empieza la vacunación” y, con gesto muy seguro, propio de malhechores, agregó: “La ministra Alva ya transfirió S/ 270’000,000 para comprar 10’000,000 de dosis de vacunas”, sin precisar marca ni fecha de entrega. Todo lo que afirmó -muy solemnemente- el farsante de Vizcarra fue, como todo lo que dice y hace, una monumental falacia. Por eso insistimos, amable lector, que un tipejo como este no puede ni debe ser presidente, parlamentario ni ejercer cargo alguno dentro del Estado. Simplemente, porque el mitómano es procreador de la corrupción.

A ver si Sagasti entiende la gravedad del momento y se dedica a informar al país con precisión, en vez de hacerlo mediante circunloquios tontos que, al fin de cuentas, dicen nada y le hacen perder el tiempo al ciudadano.