Entre otras acepciones, ”to hack” significa en inglés “piratear” de donde se deriva el anglicismo “hacker” que define a los piratas de la internet, los mismos que surgieron, en los albores de ésta, como practicantes de una suerte de juego interventor pero hoy constituyen una falange que puede dividirse esencialmente en dos grupos: los hackers éticos que trabajan legalmente bajo determinadas normas y los verdaderos piratas que, por diversas razones, suelen operar desde la internet “oscura” o, más aún, desde la “profunda”.

A la oscura se puede eventualmente acceder. La profunda es inaccesible. Y es esa, sin duda, una de las grandes contradicciones de la internet que pone a prueba la inmensa capacidad creativa del ser humano para hacer el bien y generar el mal. Es curioso cómo, en cualquier desarrollo humano, siempre aparece esa contradictoria dicotomía que caracteriza a nuestra especie y que constituye, paradójicamente, uno de sus motores.

El atentado contra EXPRESO tiene, sin duda, un origen político aunque su comprobación fehaciente resulte sumamente difícil por las razones antes expuestas, pero sí pone en evidencia la necesidad de impulsar tecnologías de protección de la información que respondan al desafío constante y deleznable de los hackers y que, en este caso específico, defiendan la libertad de expresión y de opinión y el derecho inalienable a la información.

La vieja arma de todas las dictaduras fue siempre la eliminación de la libertad de expresión: recordemos la toma de los medios de comunicación durante la dictadura de Velasco Alvarado quien los “asignó” a diversas areas sociales y económicas. Al cierre del gobierno militar en 1980, luego de la primavera democrática iniciada por Morales Bermúdez, el diario La Prensa estatizado tiraba diez veces menos que Opinión Libre, editada por mi amigo, el aguerrido periodista opositor Guido Chirinos.

No me cabe la menor duda que EXPRESO saldrá reforzado de este incidente pero ello implica también alzar la voz cuando ocurre un atropello de esta naturaleza, especialmente si encontramos que la misma fauna caviar seudo democrática que rodeó a Velasco se encuentra hoy, con otros nombres, enquistada en el aparato del Estado.

Presidente de Perú Nación – Presidente del Consejo por la Paz