La mujer a través de la historia de la humanidad ha sido, es y será, el centro de la familia, como esposa, conviviente, madre, mujer trabajadora, soporte emocional del hombre, quien ha profesado amor, fe y esperanza a la familia.
El hombre no puede vivir sin el amor de una mujer, porque su vida se convierte en sentimientos vacíos, de soledad, tristeza, melancolía y desesperación. Ella es la única persona que sabe escucharte, brindarte su apoyo en momentos gratos y difíciles, porque su único interés es que te sientas bien sin condición alguna, compartir como pareja, padres en relación a los hijos, que constituyen la continuidad de lo que han aprendido; y es importante que el hombre se sienta orgulloso de su mujer. Hemos podido observar a través del desarrollo de la humanidad que detrás de hombres importantes existe una gran mujer, que supieron darle el valor que se merece a la pareja que comparte su vida.
Cuando nos referimos a la mujer, estamos hablando de una persona bien constituida en su mundo interior, que sabe lo que quiere, dispuesta a dar amor, no es egoísta, le gusta ayudar al prójimo, cuando lo necesita sin pedir nada a cambio, se siente bien cuando da un buen consejo y la persona se siente agradecida.

Esta es la historia de un hombre que conoció a una mujer y se enamoró desde el primer momento que la conoció, su relación atravesó una serie de inconvenientes por la profesión de su pareja, él era policía y constantemente tenía que estar en diferentes intervenciones debido a su profesión y llego el momento de unirse en matrimonio, pero ella pensó y le aconsejaron que su vida siempre iba a ser una incógnita, sabía a la hora que salía de la casa su pareja pero no tenía hora de regreso con el riesgo que no regresara por circunstancias del destino. Esta situación la hizo tomar una decisión de conversar con su pareja, explicándole que no quería continuar la relación porque ella quería tener siempre a su pareja, vivir con tranquilidad y paz, él no aceptó y ella decidió irse a otro país en busca de paz y sosiego.

A los tres meses de estar separados, su pareja que era policía, al extrañarla tanto, no podía vivir sin ella y darse cuenta que su vida estaba en riesgo, decidió renunciar a la policía y fue en busca de ella y la encontró, le dijo que había renunciado y estaba dispuesto a hacerla feliz, vivir juntos y así lo hicieron. Ella era el complemento de su vida y él para ella. Lo curioso es que donde vivían se producían una serie de actos al margen de la ley y ella misma no le gustaban las injusticias y le comentaba al esposo lo que sucedía; y un día estando juntos presenciaron que dos personas estaban extorsionando al dueño de la tienda que estaba ubicada al lado de la tienda de ellos y le dijo al esposo que esta conducta era una injusticia y no podía permitirse motivando al esposo a intervenir y lo hicieron juntos y allí comprendió lo importante de la profesión de su esposo que regresó a la policía, lleno de amor con su esposa que lo hacía feliz, comprendiendo la mujer lo importante que era la profesión para su esposo, tuvo la capacidad de colocarse en el lugar del esposo y compartieron la felicidad por tener “una mujer ejemplar”.