Para el mundo cristiano, el acontecimiento más importante en la historia de la humanidad es el nacimiento de Jesús de Nazaret. La llegada del Hijo de Dios que luego se hizo hombre representa la señal de un amor inconmensurable que ha alimentado la esperanza en la liberación de la esclavitud del pecado y de la condenación. En otras palabras, de la llamada vida eterna. Para nosotros, los cristianos, esto significa un consuelo. Pero también el sustento de nuestra dignidad, base de todos los derechos fundamentales cuyo respeto exigimos hoy al Estado y entre nosotros mismos.

Aunque parezca un acontecimiento estrictamente religioso, el advenimiento de Jesús está relacionado con el derecho si se toma como punto de partida el reconocimiento de la dignidad humana. El mensaje de la figura central del cristianismo sobre al amor al prójimo fue coherente porque sentó las bases de la igualdad material en el sentido de no instituir tratamientos selectivos y desdeñosos, pese a los prejuicios y creencias imperantes de la época. Muestra de ello, y aun con el reproche social, fueron los momentos que Jesús compartió con los publicanos, meretrices, extranjeros, convalecientes, niños y con los que hoy podrían encajar en la denominación “minorías” o “sectores vulnerables”.

El nacimiento mismo de Jesús también representa un suceso notable para el derecho. En el contexto en que sucedió, podría haber significado el repudio de María. Pero ella, pese a las condiciones y circunstancias difíciles que le tocó vivir, nos mostró el valor de la mujer y su respeto por la vida y la maternidad. Sin embargo, estos valores están siendo debilitados hoy por los llamados argumentos de libertad. El derecho todavía tiene pendiente una respuesta ante la interrogante de cómo proteger la vida del nonato, que en estas condiciones ni siquiera tiene voz frente a su propia madre.

El rol de José, quien representa el amor paternal, implica el reconocimiento de un vínculo mayor capaz de determinar la realidad biológica o legal del nacimiento. En la actualidad, esto se observa en las decisiones judiciales que se han pronunciado a favor de aquel que cumple “real y efectivamente” el rol de padre, lo cual demuestra que no es suficiente solo con engendrar. Por ello el alto porcentaje de demandas de reconocimiento de paternidad y también de cumplimiento de obligaciones alimentarias.

El poder no dejó de estar presente en la época en que nació Jesús. A tal punto que el anuncio de su nacimiento significó una amenaza para muchos fariseos, infieles y políticos. Quizá por ello es que desde entonces y hasta el presente se dice que la persecución y las arbitrariedades existen solo para mantener ese poder, sin importar su ejercicio abusivo. Si bien el derecho ha intentado imponer límites al ejercicio de ese poder, no se puede negar que en varias ocasiones se ha convertido en un instrumento del mismo.

La Navidad nunca dejará de ser una festividad de alegría y de buenos deseos. Pero en esta ocasión, por muchas y diversas razones, nos tocará vivirla en medio de una gran incertidumbre. Una incertidumbre que parece estar simbolizada en la huida de José y María hacia Egipto, con todas las limitaciones, dificultades, temores y decepciones que esto conllevaba. Sin embargo, jamás olvidemos que ambos lograron llegar a su destino. Y esto fue posible porque Dios siempre estuvo con ellos. ¡Que este sea el significado de la Navidad para nuestro país en esta difícil época!