La Navidad y su legado universal

La Navidad y su legado universal

Aunque esta Navidad será diferente por la persistencia de la guerra entre Rusia y Ucrania, que va camino a su segundo año en febrero de 2024, y la declarada por Israel al Hamás, el 7 de octubre de este año -en Belén, la ciudad Palestina donde nació Jesús, no habrá ningún acto festivo-, sigue siendo el acontecimiento más trascendente de la cristiandad y por su envergadura de naturaleza universal, seguirá concitando por siempre la atención mundial. El nacimiento de Jesús fue el punto de quiebre de la sociedad internacional del mundo antiguo, marcando cronológicamente el antes y el después para toda la civilización occidental y de otras partes del planeta, por eso Jesús de Nazaret, hoy lunes 25 de diciembre, cumple 2023 años de edad. Aunque no hay credo más importante que otro pues todas las religiones lo son para sus fieles, resulta incuestionable que el cristianismo es la más transversal de todas. Lo voy a explicar. Jesús, más allá de ser Dios y hombre para los católicos, fue el mayor revolucionario de la humanidad de su época, y su inobjetable protagonismo se hizo visible en un mundo donde la desigualdad entre las personas -la esclavitud era parte de la normalidad social-, que fue legitimada por sabios como Aristóteles, el Nazareno terminó cuestionándola y hasta la enfrentó proclamando la igualdad entre los hombres, al insertar en el pensamiento social universal los conceptos de amor al prójimo y caridad, totalmente ausentes en la escala axiológica de la sociedad en que nació y vivió. Con Roma como hegemón del mundo antiguo donde la región de Judea quedó convertida en una provincia del poderoso Imperio, Jesús vino al mundo en un pesebre, legando a los pueblos la humildad, quizás el valor de mayor impacto que el Nazareno dejó a la sociedad humana con su paso entre nosotros, pero que en el tiempo en que vivió también fue poco o nada apreciado.

El mensaje de su nacimiento es que el Reino de Dios no es de ricos o de riquezas sino de pobres y de pobreza. No es que no valoró el esfuerzo por vivir con dignidad o que tampoco apreciara el talento humano para conseguir el mayor bienestar para él y su familia. Nada de eso. Lo que quiso decir es que la vida no puede estar determinada en experimentarla pensando en la riqueza como objeto y fin, que es distinto. El impacto de la Navidad alcanzó al derecho internacional siendo apreciada por su enorme connotación amorosa -no solo durante la Edad Media como se sostiene con frecuencia- como el mejor momento para la paz, promoviendo las treguas y el final de las guerras, dando paso a la reconciliación, de allí que en medio de una historia internacional determinada por el conflicto como regla, constituyó un tiempo no solo de formidable contexto para el perdón, sino, además, para la mejor misericordia, adviniendo el momento idóneo para la gracia que se concede a los condenados, decidiéndose desde entonces, el indulto, las amnistías, y hasta la conmutación de las penas. Ese es el sello indeleble de la Navidad que relieva por su legado ecuménico, es decir, universal, del amor al prójimo por sobre todas las cosas.

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