La necesidad de ser madre

La necesidad de ser madre

Sara, esposa de Abraham, es un personaje bíblico que aparece como una de las mujeres más hermosas de toda su generación. En verdad, no solo era la esposa, sino, además, medio hermana de Abraham, en una época donde este tipo de casos era frecuente dentro de las familias y comunidades. Precisamente, en el Talmud se señala que el destino de Sara era vivir 175 años, cuestión que no pudo cumplirse por problemas con su esposo Abraham.

Asimismo, a pesar del deseo de querer tener hijos, Sara era estéril. El tiempo hizo lo que correspondió. Se aferró a Dios y años después, por obra de un milagro, pudo quedar embarazada a los 90 años y dio a luz a quien se llamaría Isaac. Lo que sucedió después es algo muy similar a lo que podría ocurrir ahora. La gente comenzó a tejer hipótesis alrededor del hijo, creyendo, incluso, que había sido adoptado.

La orientación de la sociedad desde entonces no ha cambiado mucho. La presión de una supuesta realización de la mujer parece aún cumplirse cuando logra ser madre y, por oposición, la asociación con la desgracia o la desolación está orientada a quienes no encaminaron su vida hacia la maternidad. Nada más alejado de la realidad, por cierto.

Sin embargo, la sociedad es agobiante y la representación más indigna de esos prejuicios muchas veces recae en las personas más cercanas, en los amigos e, incluso, en la propia familia.

Pensar en una maternidad tardía –como la de Sara– lleva a una cadena de consecuencias y adjetivos degradantes. Así, visto desde afuera, pensar en un egoísmo por la independencia y la decisión de no tener hijos es una cuestión personal y no una necesidad de tener a alguien quien deba cuidar de nosotros. Sin embargo, gran parte de la sociedad sigue detenida siglos atrás, en medio de preocupaciones de una maternidad por necesidad y por la obligación de adjudicarse una responsabilidad que quizá no se desee asumir.

Existe un complicado problema en la sociedad que obliga a las mujeres a ser madres. Se ha impuesto y ha sido aceptado sin remedio; sin embargo, la felicidad no se alcanza con ello, necesariamente. La realización va mucho más allá de eso, de prejuicios disfrazados de buenos deseos y de felicitaciones por la celebración de un día con fines comerciales. La situación es compleja. Quizá deberíamos pensar un poco menos en las necesidades y decisiones personales de los demás. Eso ayudaría mucho.

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