Quien lea con experiencia la literatura universal y peruana actual, sabrá bien que el talento no abunda y que las historias que se cuentan son en muchos casos llanas y desprovistas de conflictos llamativos. La redacción es poco elaborada y el relato lineal. Desde luego hay excepciones.

Ocurre que lo que tiende a crearse es una literatura de autor, una que prescinde del contenido para centrarlo todo en las relaciones públicas, las ferias del libro o las camaraderías editoriales que solo sirven para derruir la literatura. Nada mejor que leer el boom de los 60 y 70 para comparar las habilidades con lo que hay.

Los grandes premios coinciden con lo que más vende y lo que vende son nombres más que literatura. Las ferias del libro venden nombres, las editoriales grandes venden nombres y los nombres se tejen en una gran mesa. Quizás lo que no sabía el exministro Ciro Gálvez (al desembarcar algunos nombres de la FIL de Guadalajara) es que las ferias son eventos comerciales y, por tanto, el “nombre marca autor” lo es todo.

Los mejores, como en los cientos de cuentos y novelas de ciudadanos anónimos que he leído, no van a ferias, no publican, y si publican no logran reseñas en los pocos diarios vitrina que los promueven. Ya sería abundar si añadimos que, sin las editoriales independientes, la literatura peruana sería tan excluyente como la de esos pocos que se montan en una bicicleta para cruzar de Barranco a San Isidro, tomarse un café y hacerla bien al raje, que para eso sí sirve el lenguaje.

Nada más alentador que la española Carmen Mola no exista, que son tres guionistas que se obligaron a salir a la luz al ganar el Premio Planeta 2021. El de ella es un seudónimo que nos advierte que la obra puede estar por encima de quien escribe y vender por los méritos de su contenido y no por la fama autocomplaciente de su autor.

Agustín Martínez, Jorge Díaz y Antonio Mercero escondieron su identidad y le dieron a una madre madrileña, de la que nadie sabe nada, el mérito de una buena narración. “Si hubiéramos sabido que acabaríamos escribiendo cuatro novelas nos lo habríamos pensado un poco más, pero en ese momento era una diversión”, dice uno de los autores. Quizás, si el nombre del escritor no valiera más que la obra, la literatura sería otro cantar.

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.