La oposición en el tiempo de Castillo

La oposición en el tiempo de Castillo

El título del presente artículo se inspira en el nombre de la genial novela de Gabriel García Márquez “El amor en los tiempos del cólera”, pero ahí terminan las semejanzas. Para empezar debemos preguntarnos ¿qué oposición?, porque se encuentra dividida en muchas facciones dentro y fuera del Congreso. Igualmente debemos interrogarnos ¿a cuál Castillo?, dado que nuestro actual presidente exhibe personalidades múltiples en las más variadas oportunidades. La situación política del Perú se asemeja a una masa informe de acuerdo de acuerdo al envoltorio que pretenda darle sentido lógico y político.

Comencemos por la oposición en el Congreso, ¿cuántas bancadas la componen? Fuerza Popular (Keiko Fujimori), Avanza País (Hernando de Soto), Renovación Popular (Rafael López Aliaga) suelen ser su núcleo duro más dos independientes de Alianza Para el Progreso (APP) y uno de Podemos. Con dificultad ese conglomerado supera los 46 votos, tal como ocurrió cuando se desestimó admitir a debate la moción de vacancia. En el medio fluctúan los 13 congresistas de APP fieles al liderazgo de César Acuña Peralta, que hoy responden al gobierno de Castillo, aunque ese apoyo podría cambiar. Asimismo tenemos a Acción Popular con 16 congresistas también funcionales al gobierno, si bien controlan la presidencia través de Maricarmen Alva, que logró superar el último intento de censura del ex gobiernista Bermejo con la ayuda de Perú Libre.

Entonces el Congreso es una auténtica mazamorra, considerando la presencia de Somos Perú (5), Juntos por el Perú (5), Morados (3) y Podemos (4), que votan con la bancada oficialista de Perú Libre, originalmente de 37 congresistas, pero cuya lealtad también podrá variar conforme sople el viento político. El oficialismo a su vez está dividido entre quienes son leales a Castillo y los que responden a Cerrón, si bien se juntan cuando la necesidad lo amerita. Podríamos calificar al gobierno como un pájaro de dos cabezas, una gobernante y otra influyente, pero que todavía no logran ponerse de acuerdo en todos los temas que atañen a la conducción del Perú.

Frente a esa situación la oposición en el Congreso y sus aliados fuera de él, sus medios afines y quienes en cualquier ámbito son contrarios al gobierno de Castillo, deben trazarse una estrategia con una opción máxima y otra mínima. La máxima solo cuando se alcancen los votos suficientes para que se admita la moción de vacancia y su eventual desenlace de los dos tercios para lograrla. La mínima para reunir todos las pruebas y evidencias suficientes de los actos de corrupción del gobierno, específicamente las reuniones no registradas de Castillo en la casa de Sarratea con proveedores, contratistas, lobistas y personajes de esa tesitura, a fin de obligar al gobierno a cambiar de rumbo.

Castillo se niega a hacer declaraciones públicas que lo puedan comprometer, sea porque no tiene la capacidad suficiente para realizarlas coherentemente o por táctica política. Por consiguiente habrá que cercarlo de una u otra manera a fin de que designe un gabinete integrado con mejores personas, o en su defecto, que piense seriamente en renunciar. Por cierto si la vicepresidenta Boluarte lo sucede, esta táctica tendrá que ser reformulada con el objeto de lograr una mejor administración o de reanudar en su caso el camino de la vacancia por incapacidad moral. A ese extremo hemos llegado.

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.