La partida de Jorge Colunge, jurista y diplomático, enluta Torre Tagle

La partida de Jorge Colunge, jurista y diplomático, enluta Torre Tagle

Ayer, mientras se realizaba la ceremonia de asunción de cargo del nuevo canciller en Torre Tagle, era velado y luego enterrado, uno de los más importantes referentes de la diplomacia peruana de las últimas décadas: el embajador Jorge Colunge Villacorta, diplomático de carrera y abogado. Después del embajador Bolívar Ulloa (1909-1998), que sobrevoló la Cordillera del Cóndor con el brasileño Braz Días de Aguiar –tuve el privilegio de conocerlo en la cancillería en los días turbulentos de la guerra del Cenepa (1995)–, en la tarea de la demarcación de la frontera peruano-ecuatoriana, sin duda Colunge fue el mayor experto jurídico en fronteras que pudo haber contado el ministerio de Relaciones Exteriores, teniendo una participación sustantiva y decisiva como especialista en el referido asunto con Ecuador que concluyó con el Acta de Brasilia de 1998, y que selló la paz definitiva entre ambos países. Pero Colunge era un jurista del que no se podía prescindir, y como pasa siempre en todos los niveles y ámbitos del Estado peruano, se lo ignoró para aportar en la controversia jurídica de la delimitación marítima con Chile. Cuando el excanciller Luis Marchand Stens y yo, en el 2011, fuimos designados para integrar la Comisión Ad Hoc del proceso de traspaso del referido juicio contra Chile al nuevo Gobierno del Perú –inicio del mandato de Ollanta Humala–, pedí su incorporación al Equipo de La Haya –también de Luis Solari Tudela–, porque era abogado y tenía un análisis hermenéutico impresionante, y aunque expliqué que la actuación peruana en la Corte Internacional de Justicia no era para un marco diplomático sino de litigación, Colunge, que tenía las dos virtudes, no fue considerado.

Había sido director nacional de Soberanía, Límites y Asuntos Antárticos de la cancillería y participó en muchas delegaciones sobre el Derecho del Mar, siendo de los muy pocos, que saludó mi decisión como canciller de impulsar la adhesión del Perú a la Convención del Mar que, para menoscabo de los intereses nacionales, nos venía relegado por más de 40 años porque la mayoría de nuestros políticos se muere de miedo dar el paso, prefiriendo el statu quo y el confort que Colunge, hombre con carácter, tanto criticó. Con él me estrené en mi primer viaje al exterior para la V Reunión de Cancilleres de la CPPS, en Colombia, en 1997, cuya delegación presidió Nicolás Roncagliolo, entonces secretario general de la Comisión Permanente del Pacífico Sur. Siendo figura descollante del derecho, aceptó integrar la Comisión de Derecho Internacional del Ilustre Colegio de Abogados de Lima que me tocó presidir, en 2018, y últimamente cuando me desempeñaba como asesor principal de la Comisión de Defensa Nacional del Honorable Congreso de la República, sugerí a su presidenta, congresista Patricia Chirinos, para que Colunge sea incorporado como Miembro del Consejo Consultivo, lo que así se hizo. Recibió la Orden “El Sol” en el grado de Gran Cruz y “Al Mérito por Servicios Distinguidos”, en el mismo grado, y el Parlamento Nacional le otorgó la “Medalla de Honor”. Fue embajador del Perú en Holanda y Chile y ha cumplido funciones en las embajadas de Ecuador, Brasil y Colombia y Representante Alterno del Perú ante la OEA y Encargado de Negocios en Venezuela. La diplomacia y el derecho peruanos están de luto por su partida que sentimos y Torre Tagle le debe un homenaje. Antes de la pandemia lo visité en su casa y sabiendo de mi admiración por el presidente Leguía, me mostró con orgullo un óleo del expresidente del oncenio (1919-1930) que domina la sala de su casa, y con cuya nieta, Miriam Romero Leguía, estaba casado. Descansa en paz, Jorge, embajador y amigo.

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