En medio de una gravísima crisis, la peor en muchas décadas, el Perú es un barco sin rumbo, con una tripulación de incapaces y corruptos que se disputan los puestos de mando, mientras los desconcertados pasajeros se van dando cuenta que el choque con el iceberg es inevitable y que pocos se salvarán del naufragio si es que no echan por la borda al capitán y sus secuaces.

Como constata Mario Ghibellini, “Que el profesor Castillo no gobierna es un dato de la realidad que ya muchos tienen asumido. La circunstancia de que el premier Bellido tampoco lo hace, en cambio, es una revelación a la que vamos amaneciendo de a pocos.” (“El Comercio”, 2/10/21).

Los individuos mencionados se dedican básicamente a recorrer el país y hacer lo que siempre han hecho en su vida, agitación política. Ambos promueven la asamblea constituyente para implantar una dictadura chavista, ambos impulsan la “recuperación” del gas de Camisea, entre otras banderas populistas.

Y cuando no está haciendo eso, Pedro Castillo se reúne con los profesores de Sendero Luminoso –facción de Abimael Guzmán-, es decir, la Fenate, en Palacio, o con sindicalistas para respaldar al senderista Íber Maraví.

Bellido, mientras tanto, chatea compulsivamente –según se ha revelado- atacando a ministros y congresistas de su grupo que no coinciden con él, o escribe tuits para crear conmoción y distraer la atención de los ciudadanos.

¿Alguien se ocupa de la crisis económica, la inflación, el empleo, la contracción de la inversión privada, la delincuencia? No, por supuesto que no. Todos esos problemas, les dicen a sus seguidores, son creación del imperialismo, los empresarios y la derecha que solo se resolverán aplastándolos a todos, disolviendo el Congreso y estableciendo una dictadura.

¿Reformar el Estado, establecer una auténtica meritocracia, limpiarlo de corrupción? Menos, esas son preocupaciones burguesas. Lo que hacen es empeorar lo que ya era deficiente, nombrando siempre a funcionarios incompetentes y corruptos.

Como ejemplo, la carta de renuncia de la gerente del seguro social (IPSS) Martha Linares al amigo de Castillo que ocupa la presidencia de esa importante institución, más grande que muchos ministerios: “he sido sometida a constantes presiones ejercidas por Ud, y sus asesores para (…) incorporar en cargos directivos a personas que no reúnen el perfil técnico requerido, mantener y promover a cargos superiores a trabajadores con graves antecedentes y cuestionados en la institución, proponer a personas con investigaciones fiscales abiertas o sentenciados; a lo que me he negado”.

Eso es lo que está ocurriendo en el Estado desde el primer día. Y no va a cambiar mientras se mantengan en el gobierno Castillo y su gavilla. Eso no se va a modificar con la salida de algún ministro senderista o cualquiera de los sinvergüenzas que pueblan el gabinete.

Como concluye Ghibellini: “Este Gobierno es una pesadilla a la que despertamos todos en las mañanas y que, como todas las pesadillas, parece infinita.” Y será infinita, a menos que los echemos.

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