La pesca es realizada por el hombre desde la Edad de Piedra. Primero solo con la recolección y el auxilio de sus manos, luego con el empleo de lanzas y otros elementos que le permitían capturar peces. La religiosidad ha acompañado a esta actividad y, especialmente el cristianismo, ha estado vinculado a ella en sus más de dos mil años de existencia.

La llamada Pesca Milagrosa, posee una serie de simbolismos y mensajes. Relata el Evangelio, el momento en el que Jesús se sienta en la barca de Simón Pedro y le indica a él y sus amigos que lancen las redes en la zona más honda. A pesar de que llevaban una jornada infructuosa en el área, por la fe que le profesaban, le hicieron caso y observaron el prodigio que relata San Lucas, “Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía… Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador… Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”. Este es uno de los momentos clave con los que se transmitiría la fe cristiana y sobre los que se fundaría la Iglesia. La tradición de San Pedro, patrono de los pescadores que se vive en todos nuestros puertos, proviene de esos días.

Otro momento destacado de la vida de Jesús en relación con la pesca, es el ocurrido tras la muerte de Juan Bautista, con la multiplicación de los panes y los peces. Cuando una multitud que lo seguía se encontraba hambrienta, Jesús tomó cinco panes y dos peces, pronunció la bendición, y se los dio a sus discípulos para que los distribuyeran entre más de 5,000 personas que quedaron satisfechas. La trascendencia del momento se refleja en esta frase: “Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre. El que cree en mí jamás tendrá sed.” (Jn 6.35).

El pez es un símbolo del cristianismo desde sus albores. Hay quienes sostienen que precede a la cruz. Se afirma que era un signo simple con el cual podían identificarse unos a otros, como practicantes de esta fe en tiempos de feroz persecución. Es un símbolo conformado por dos líneas curvas que se asemejan al perfil de un pez. Es también conocido como ichtus o ichthys (término del griego antiguo para “pez”).

Dentro de cuatro días llegará la Navidad, fecha en la que los cristianos de todo el mundo recordamos el nacimiento de Jesús. Ocurrió en la precaria humildad de un pesebre, donde lo recibieron José y María porque no encontraron posada, a pesar de que los ángeles del cielo anunciaban la buena nueva del nacimiento del Redentor. Aunque muchos no lo recordarán este 25, el alumbramiento de María en Belén no solo es el punto de partida de la vida del Hijo de Dios para el cristianismo, sino que su celebración constituye un mensaje de paz y reconciliación para todos y la ilusión de un mundo mejor al que ojalá pudieran acceder los pobres del Perú, si quienes los gobiernan tuvieran la decisión de hacerlo posible. ¡Feliz Navidad!

*Ex Viceministro de Pesquería