El País publicó un comentario sobre La Peste (Camus 1947), diciendo que la pandemia Covid-19 la ha colocado entre los títulos más buscados del momento. La nota analiza aquella “Exhortación a los Médicos de la Peste”, brillantemente redactada por el autor. Cae a pelo, en estos tiempos de desconcierto y alarma. Según el artículo “Los buenos escritores aconsejaban que ‘la gente abra las ventanas del cuarto en el que visiten a un enfermo.’ Aunque agrega, ‘hay que recordar que la peste bien puede encontrarse en las calles e infectarlos de todos modos, estén o no las ventanas abiertas.’ También ‘sugiere que utilicen una máscara con gafas y se coloquen un paño mojado en vinagre bajo la nariz. Lleven una bolsita con todos los extractos recomendados en los libros: melisa, mejorana, menta, salvia, romero, azahar, albahaca, tomillo, serpol, lavanda, hoja de laurel, corteza de limonero y peladura de membrillo. Sería deseable que vistieran por completo de hule.’ Y explica otras exortaciones de Camus: ‘La primera es no tomarle el pulso a un enfermo sin antes mojarse los dedos en vinagre. Adivinarán el motivo. Pero acaso lo mejor sería abstenerse de hacerlo. Pues si el paciente tiene peste no se le quitará con esa ceremonia. En tiempos de epidemia, cada cual se cuida el hígado solo, para evitar confusiones. La segunda indicación es nunca mirar al enfermo a la cara, a fin de no ponerse en la trayectoria de su aliento. Por eso mismo, si, aun dudando de la utilidad del procedimiento, han abierto la ventana, sería bueno que no se pusieran en la corriente de aire, que puede acarrear al mismo tiempo el estertor del apestado. Tampoco visiten a los pacientes estando en ayunas. No lo resistirían. Sin embargo, no coman de más. Perderían el ánimo. Y si, a pesar de todas las precauciones, les cae en la boca una gota de veneno, pues para ello no hay remedio, a menos que no traguen saliva durante toda la visita. Esta es la indicación más difícil de seguir.’ Y agrega: ‘Ningún individuo puede permitirse tocar nada contaminado en un país donde reine la peste. No existe rincón que no debamos purificar en nosotros, incluso en lo más secreto de nuestro corazón, para poner de nuestra parte las pocas oportunidades que queden. Eso es especialmente cierto en el caso de los médicos como ustedes, que están más cerca, si cabe, de la enfermedad, y resultan por ello aún más sospechosos. Tienen que predicar con el ejemplo.’”

El texto es extenso, por lo cual hemos editado partes. Aunque resulta verdaderamente certero, pero sobre todo estremecedor, por la similtud que tiene con las sensaciones y los recelos que experimentan los terrícolas 73 años después de que Camus publicara La Peste. Las mismas corazonadas y los mismos miedos siguen plenamente vigentes, pese al avance científico alcanzado por el mundo a lo largo de tres cuartos de siglo.

Apostilla: ¿Es cierto que Vizcarra no impone la prueba molecular para evitar revelarle al país la verdadera cantidad de contagiados que hay?