Cien años de soledad es la obra más importante de García Márquez. Publicada en 1967, es una novela completa, cuyos temas transitan entre la soledad y el realismo mágico que se descubre en Macondo, el pueblo ficticio que el autor colombiano utiliza para recrear parte de las costumbres y anécdotas de su propia infancia en Aracataca. Entre los muchos pasajes y eventos de la novela, hay uno, principalmente, que llama la atención: la peste del insomnio.
“Pasmada de terror, atribulada por la fatalidad de su destino, Visitación reconoció en esos ojos los síntomas de la enfermedad cuya amenaza los había obligado, a ella y a su hermano, a desterrarse para siempre de un reino milenario en el cual eran príncipes. Era la peste del insomnio”.

La peste del insomnio llega a Macondo y provoca una pérdida de la memoria en todos los infectados. Ya nadie se acordaba ni cómo se llamaban ni qué hacían en realidad. Los nombres se habían perdido y todo tenía que identificarse a través de señales para saber la función que cumplían. Asimismo, como nadie podía dormir, buscaban cualquier actividad que les permita pasar el rato. Por ello, en Macondo se reunieron las principales cabezas de familia para decidir sobre lo que estaba ocurriendo y buscar medidas, a pesar de que muy poco se sabía sobre ella. Así, se recomendó que nadie ingrese al pueblo y se dictaminaron otras prohibiciones para vencer a la peste. Todos cumplieron el confinamiento.

“Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir”.

Hoy el mundo sufre por una peste similar. Si miramos más allá de nosotros mismos, habríamos vencido. Hay mucho que podemos aprender de la literatura.